BANDERA ARGENTINA: Metáfora de PATRIA ARGENTINA

25/05/2017 - Publicaciones

Lo trascendente de los hechos y de las cosas y de las metáforas nacidas literariamente a partir de estos, es decir ese algo más que se incorpora a ellos para engrandecerlos, habrá de comprenderse mejor con el aporte auxiliar de un simple ejemplo: La Bandera Argentina -jirón significativo del extenso cielo sudamericano- es el orgullo de la Patria mía. Siempre se ha dicho, porque nadie lo ha puesto en duda, que el hecho trascendental es mucho más que un hecho simple; mucho, muchísimo más que el que se produce y se queda porque no pasa de allí. Por eso el ser humano reconoce y valora lo considerado "trascendente" especialmente cuando logra concretarse a través de un acto voluntario. Tal vez sea así, porque su fe lo lleva, justamente, a creer que los hechos "trascendentes" llevados a cabo por hombres que se han unido para lograr un fin común, son todos buenos. Hasta considerarse sagrados, algunos. La Patria argentina nació como Empresa. Los primeros patriotas creyeron en la idea y en el hecho latente de su creación, el cual, una vez concretado y transformado en acto, adquiriría la categoría de "trascendente" para todos los hombres de buena voluntad, tal como aconteció, creciendo más allá de sus límites, mucho más allá del lugar asignado a su semilla para comenzar a germinar y crecer de acuerdo a su vigor. Esta Patria, así surgida, lograría su propia proyección -la historia refiere que así pensaron sus generadores- para otorgar felicidad más allá de los objetivos de su propósito y de los límites de su propia frontera. Y la trascendencia se concretó el mismo día que el país, abarcando la dimensión material y la ideal ingresó a la comunidad de las naciones existentes en ese entonces, como entidad materialmente constituida por su territorio, su gente, más sus respectivas riquezas, siendo considerada entidad idealmente libre, independiente y unida simbólicamente a su bandera celeste y blanca, entronizada desde ese momento como insustituible; representación única e inconfundible del país recién nacido. Sabemos todos que fue en 1810 cuando esta Patria nuestra inició su propia trayectoria. Sabemos también que ella, con el correr del tiempo y trascendiendo siempre con los hechos de sus hombres buenos, llegó por fin a nosotros para abarcarnos con sus instituciones, cobijarnos bajo sus leyes, ubicados nosotros a la sombra de su bandera que es nuestra como lo es nuestra Patria, la hoy República Argentina y mantenernos unidos entre sí (aunque de esto último no nos hayamos dado cuenta, todavía). Unidos aunque nos encontremos, como hoy lo estamos, inmersos en la presente expectativa de tenor existencial, de la cual la lógica nos dice que habremos de salir, sin embargo, respondiendo a la ley de sobrevivencia natural, remando hacia adelante, para ingresar al río propio hoy desbordado, dentro de cuyo cause sus aguas, transitando sin titubear fueron marcando el lecho, nuestro lecho, el trascendente lecho generador de la argentinidad. Argentinidad que todos deseamos mantener sin desmantelar. Y los primigenios patriotas al emanciparse como consecuencia del paso del tiempo y de la experiencia acumulada, cumpliendo con la ley natural constituyeron una nueva familia. Y Dios estuvo con ella y la razón adulta del pueblo nuevo prevaleció y los ideales premonitorios, adelantados o anticipados por sus hombres se vieron cumplidos cuando, aún sin escudo ni emblema ni bandera, nuestra patria nació. Eso sucedió, exactamente, cuando el cordón umbilical que nos unía a España -el que naturalmente, en el devenir del tiempo, suele escindirse solo- debió cortarse cruenta y hábilmente para comenzar a detentar la identidad que hoy poseemos y que no queremos perder. Bandera: Recitando, decimos de ella los sentimientos que genera por sobre todo su nombre y los adjetivos calificativos con los cuales su imagen cobra vida. Blanca y celeste, del color del cielo. Del sol nacida, que me ha dado Dios. Que me ha dado a mí y a todos los argentinos que como yo nacimos sobre este suelo argentino o como muchos otros, venidos de otros lados, quisieron habitarlo como hijos suyos o mejor dicho, como hermanos nuestros. Si a esto unimos las sugerencias que su nombre: "Bandera" nos otorga, llegaremos, sin obstáculos, a su esencia determinativa; a su significante. Veamos: Cuando hablamos de "Significación" nos estamos refiriendo a la señal de una causa antecedente, por medio de la cual es posible explicar una cosa. Cuando hablamos de bandera, nos estamos refiriendo a algo notable; a una señal o a una divisa, divisable por supuesto. Al adjetivarla calificándola decimos: Bandera amada, inmaculada, defendida, custodiada, observada, siempre, en las alturas de los mástiles, acariciada por el viento que no sólo la entretiene a ella sino que además nos invita a todos a observarla en movimiento. Bandera, gloriosamente resguardada por el cielo y mantenida allí, desde el inicio de los tiempos, anteriores a su puntual y determinada creación, ya que aún, sin soporte de lienzo, éste cielo nos la muestra de manera natural, con sólo levantar nuestra cabeza en esos días de sol, claramente iluminados. Hablaremos de Bandera como "Expresión" de nuestra Patria La que antes del lucimiento de su Bandera como estandarte, para distinguirse de sus enemigos los combatientes se expresaban con el Santo que cada día el General o Jefe daba a su tropa, conjuntamente con la seña correspondiente a ese día. Ej. San Roque o San Agustín o San Juan Bautista o Ave María Purísima, decían, mostrando la palma de la mano en alto o los dedos en cruz, al identificarse. Hablaremos, entonces, también, de la incuestionable necesidad de la creación de una Bandera identificatoria. Notemos hoy, que debido al carácter transitivo de la trascendencia que cada cosa con ese carácter, conlleva dentro de sí, la principal expresión identificatoria luego del nombre de los ciudadanos o, dicho de otro modo, de los abrigados, tapados, custodiados, defendidos, cobijados por nuestra bandera, la celeste y blanca, la constituye, sin lugar a dudas, la nacionalidad. Es que nos albergamos bajo la sombra y al amparo de nuestra bandera para expresar exactamente quienes somos. La demanda sobre la nacionalidad, equivale a la pregunta: "Bajo que bandera te proteges?" o "Qué bandera garantiza tus derechos estableciendo. coincidentemente, tus legales limitaciones? ¡Cómo no exaltarla, representando, ella, lo que representa! ¡Cómo no defenderla si es a ella a la que los corruptos denigran cuando se portan mal, aprovechándose de las oportunidades que el poder les otorga! Yo amo la Bandera de mi Patria porque mi Patria me ama, expresándome su amor con su bandera en alto. La misma que me insta, obligándome a servirla dignamente, desde cualquier lugar en donde esté ubicada. Bandera en alto que significa Patria en acción, en movimiento, generando nutrientes, elaborando el trazado constante de la trayectoria del camino a recorrer por sus habitantes y ciudadanos protegidos. Patria y Bandera. Una y otra ya se confunden en el abrazo amoroso envolvente y disipante de cualquier tipo de límite. Hablaremos por último de la Bandera significativa: Significativa de la conmovedora existencia de la Patria nuestra; extraordinaria, fecunda y vibrante idea movilizadora. Y lo haremos así: Recordando, un poco, lo que sabemos todos: Cuando Belgrano se dio cuenta, en 1812, que las Provincias Unidas del Sur no tenían bandera, sugiriendo inmediatamente a las autoridades del Gobierno central su impostergable creación, al hizarla por primera vez, frente a las barrancas del río Paraná, sin haber recibido autorización para hacerlo, ya tenía bien en claro que el ser anhelado de la Patria nueva, única, diferente, insustituible e inalienable, ya había nacido y se encontraba en marcha. Patria: Bien abstracto o ideal como lo es también la osadía, la dignidad, la justicia, el orgullo del ser nacional representado por ella... Dignidad orgullosa del ser argentino, la que nos obligará por siempre a neutralizar astutamente la malicia subrepticiamente agazapada, con todo el cúmulo de las herramientas, democráticas de las que honrosamente disponemos, por legado de muchos de sus hombres públicos. Razones para hacerlo no nos faltan. Sólo debemos prestarle atención para poder encausarla y asistirla hasta sanarla, sin desfallecer ni abandonarla jamás. Entonces... ella, nuestra sagrada bandera; la entronizada en nuestros corazones como representación, símbolo y expresión del "ser argentino"; la que hoy exaltamos en su día, recordando con ella a su creador, muy posiblemente, buscando sorprendernos una vez más, habrá de convocarnos, especialmente a los que aún nos mantenemos inteligentemente alertas, atentos y vigilantes. Y nos sorprenderá seguramente, invitándonos a participar diariamente en la ceremonia de su consagración. Consagración por transubstanciación que, al concretarse para otorgarnos certeramente el convencimiento de que la inseparable identidad Patria-Bandera existe dentro de su genuino simbolismo, deberá ser laica, secretamente anímica y por sobre todo, renovada ad infinitum.

Amanda Patarca

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