LA RESPONSABILIDAD

25/05/2017 - Publicaciones

I.- En este capítulo nos referiremos, exclusivamente, a LA RESPONSABILIDAD que habrá de tomarse, desde el punto de vista teórico, como formando parte del abstracto "bien" o tal vez mejor aún, como formando parte de "la paz", que no sería otra cosa que el bien fortalecido por la actitud de aceptación del hombre involucrado en la situación planteada. Convencido a su vez de que así como es, libre de tensiones, debe ser, por cuanto la aparición de la más leve disconformidad anímica que pretendiera poner en movimiento su voluntad para producir cambios dentro de la plenitud existente, la haría desaparecer. Esa paz, que es la única de la cual podríamos dar crédito, dura poco, es cierto, pero al menos, existe. Existe o su existencia, ateniéndonos a los testimonios que genera la experiencia general, no ha sido puesta por el hombre en tela de juicio todavía. Tal vez, sea esto así porque su duración -dependiente de la voluntad o energía puesta de manifiesto por el hombre para mantenerla- puede oscilar. Esto se nota y muy bien, entre el pequeño lapso vivido como absolutamente carente de tensiones y perfectamente reconocible entre dos tiempos bélicos activos de una guerra cruenta, y la inconmensurable porción atribuida a la denominada eternidad. Tomada esta última, con el sentido de paz sin fin sobrevenida como consecuencia de la muerte -llegada a destino- la que como causa lleva a su vez a la finalización del batallar diario del hombre, tomado éste como ente individual y único. Paz, ésta, cuya circunstancia deja de ser considerada por el que la sobrellevaba exaltándola o haciéndola sucumbir cuando quería o podía, para pasar desde el instante de esa muerte a la consideración de un tercero, el testigo verificador, presencial o referencial, de la ya inexiste energía generadora de escollos o conflictos, o simplemente testigo del apagón, de esa vida, producido ya. Y todo es tan así que, generalizando en nuestra conclusión, la experiencia nos obliga a afirmar que la existencia de esa paz, (la de la primera acepción) consecuencia objetiva del carácter en determinadas circunstancias, incide, a su vez, participando en la formación de la exteriorización de la conducta, concretándola. Carácter y conducta que unidos al medio en donde se producen los hechos, marcan, paso a paso, la trayectoria general -resultante de muchas otras fuerzas generadoras de trayectos parciales- claramente definida, en la vida de todo ser humano, encaminada siembre hacia su destino final de sosiego absoluto. Destino que no sería otra cosa que el punto culminante (por lo irreversible), y único (por lo irrepetible), de detención de la trayectoria general, lugar en donde el hombre, (sujeto generador), es separado, irremediablemente, de dicha trayectoria, quedando sin poder proseguir camino alguno.
II.- El profesor de Filosofía del Derecho de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Guido Pincione, trata en un artículos publicado en el Diario La Nación del 14 de julio de 1991 sobre el tema: "Variedades de Liberalismo". Al respecto y adhiriéndonos a las expresiones de otro colega suyo el profesor Carlos Nino, referidas en dicho artículo, podemos comenzar este trabajo sobre la responsabilidad con sus afirmaciones diciendo entonces que: Así como el Holismo se opone a la inviolabilidad y el determinismo se opone a la dignidad, el perfeccionismo se opone a la autonomía. No debemos olvidar que el "Holismo" es la concepción filosófica que, con el fin de aumentar la felicidad social neta, actúa imponiendo a algunos injustificados o exagerados sacrificios como la muerte, o la pérdida de bienes, por ejemplo. En consecuencia, al conseguir el holismo, como muchas veces ha ocurrido, traspasar con la actitud de sus seguidores y partidarios, los límites de la actividad de control normal, para oponer la sustentada por principios transgresores, sólo para conseguir mayor eficacia en el logro de sus objetivos, llegan esos seguidores a transformarse, entonces, en verdaderos defensores del totalitarismo en la gestión del poder que usan. Por otra parte, al desarrollarse, dentro del “Perfeccionismo puro”, la necesidad de la imposicion del modelo considerado como de perfección, dirigido a promover una especial concepción del bien y de la vida, casi siempre intelectualmente elaborada, con imposicion de controles, provenientes del Estado o de entidades privadas, muchas veces demasiado estrictos, termina el perfeccionismo, al igual que el holismo, por tornarse opresor, también. Tanto o más que el “Determinismo Normativo”, que es la concepción filosófica por medio de la cual sus seguidores y adeptos establecen, con idénticos propósitos que los anteriores, la obligatoriedad de ciertas prohibiciones como por ejemplo: la que establece la imposibilidad de ocupar cargos públicos a los integrantes de ciertas etnias como la negra o la judía o en lo que respecta a la competencia y jurisdicción religiosa, la que establece la prohibición a las mujeres de ocupar cargos de nivel jerárquico. Al respecto, dentro de la normativa de la Iglesia Católica Apostólica Romana se impuso, desde su creación, la prohibición, para las integrantes del género femenino, de acceder a la Dignidad Sacerdotal. Y es ese aparato de características opresoras, fabricado con las mejores intenciones de sus seguidores y partícipes, el responsable de transformar en verdaderos sometidos de sus opresores a los indóciles, denominación reservada para los que por la envergadura de sus actos no pueden llegar a ser considerados verdaderos delincuentes, ni siquiera por los mismos perfeccionistas, holistas, o deterministas, sino que, para ellos, tan sólo cuadra la denominación de: transgresores. Transgresores, aunque de diferente nivel en lo relativo a los grados de incursión. La cantidad de ejemplos de este tipo de accionar de los custodios de la seguridad y felicidad de los pueblos, han hartado, ya, a la humanidad.

III El equilibrio en la concepción liberal, que se opone a cualquier otra concepción relacionada con la estructuración de las diferentes formas de vida existentes dentro de una sociedad dada, descansa sobre los tres principios éticos y morales citados por el Profesor Carlos Nino, perfectamente diferenciados y reconocibles bajo el nombre de "Principios de Autonomía, Inviolabilidad y Dignidad", de la criatura humana, sea ésta hábil -es decir capaz de dirigir con responsabilidad sus actos- o inhábil -incapaz de hacerlo-. Si esto es así debemos reconocer que dentro del acontecer de los hechos domésticos o consuetudinariamente cotidianos, un solo paso dado en falso dentro de esa circunstancia puede transformar una actitud de inocente y bondadoso respeto por la preservación de la seguridad en general, en un acto de sometimiento terminado en represión. Generados ambos por parte de quien oficia amorosamente de custodio, en perjuicio de la criatura humana custodiada. Custodiada inocentemente en un principio, para terminar, gradual y alevosamente espiada pasado un tiempo y hasta acosada luego y maltratada también, en ciertos casos. Todo, como consecuencia de que esa misma persona, la del custodio, cuando le tocó cubrir, en el momento en que debió hacerlo, el rol de custodio dejó, seguramente, mucho que desear respecto de su conducta, olvidando más de una vez, la mesura que impone la prudencia, en todos los casos. Efecto social éste no deseado. Situación desequilibrada que la responsabilidad mal entendida genera cuando actúa ignorando los tres principios éticos sustentadores de la concepción liberal de la sociedad referenciada y a la cual se desemboca en nombre del "bienestar". De manera, entonces, que podríamos terminar la idea que surge de estos hechos y dichos señalando la gran dificultad que sobreviene cuando, de alguna manera, se busca mantener dentro de la sociedad el punto medio dentro de los múltiples puntos que conforman la trayectoria del accionar de sus miembros y que constituye, a su vez, su propio accionar. Y esto es realmente así y no de otra manera, por cuanto a la obligación de obedecer que pesa sobre todo ser humano menor de edad o simplemente incapaz por cualquier otro motivo, se le opone la facultad que detenta a su favor la persona responsable de la seguridad del mismo, para ejercer el derecho de conseguir del custodiado, el grado de sumisión que garantice la seguridad ofrecida, espontánea u obligadamente impuesta.
Incapaz: Dícese del ser inhábil, necesitado de alguien que no sólo lo represente en la efectivización de hechos y actos jurídicos, sino que, además, lo preserve de los eventuales peligros que naturalmente lo acechan, impidiéndole, también, que él mismo se transforme en arma ofensiva u herramienta peligrosa en su uso, para con los demás.

IV La distracción del que vigila, siguiendo o espiando el accionar de alguien con el fin de conocer la verdad respecto del comportamiento de ese alguien vigilado, para poder luego actuar en consecuencia, entraña peligro. Peligro latente, generado mientras transcurre el tiempo de vigilancia, por la existencia, dentro de dicho lapso, de la posibilidad de que el "espía - vigilante" sea descubierto en forma directa, por el mismo vigilado. Y peligro generado, una vez terminado dicho tiempo de vigilancia, por la persistente e ininterrumpida posibilidad de que el "espía - vigilante" sea denunciado al vigilado o descubierto luego por éste, debido a precisos indicios que faciliten la concreción del referido descubrimiento y que por dicha razón y en consecuencia, el vigilado, sintiéndose humillado, tome a su cargo las represalias que habrán de generarse, como consecuencia del grado de dolor provocado por la herida asentada al perseguido, por el "espía-vigilante" o perseguidor. Represalia que, de concretarse, habrá de tener, por parte del perseguido, el grado menor de producción de agresividad y violencia, como aporte mínimo en respuesta a la acción iniciadora de vigilar; violencia que habrá de depender por lo general, de la consideración del que reacciona, en este caso, el vigilado. Como ya se sabe, la acción primigenia de vigilar suele transformarse, la mayoría de las veces sobre la marcha, desembocando en "persecución", "acoso", y hasta en un "encuadre injusto de la situación global", como cuando sin fundamento jurídico se llega a considerar el comportamiento del espiado y/o vigilado, como delictual sin serlo, consecuencia, tan sólo, del exceso en la interpretación del texto de una ley. Se pretende entonces, a partir de dicho encuadre -erróneamente ejecutado- imponer sanciones de ordinario no merecidas, las que necesariamente, tarde o temprano, desembocarán en represalias contestatarias y violentas de tenor cada vez más cruento. Muchas veces para poder llegar a vigilar mejor se hace necesario una buena dosis de engaños, tretas, embustes y deslealtades, llegándose hasta la traición. Es que el fin último, el que impulsa imperativamente el trazado de la trayectoria que es preciso recorrer para llegar al objetivo de descubrir algo (cosas o hechos o personas involucradas en los mismos) es el que, justificando el proceder, exonera de responsabilidad a quien usó de esos recursos. Según la resultante, luego de comprobada la consumación de actos considerados perjudiciales o de alta peligrosidad para el mismo vigilado que los consumó, o para la sociedad entera incluido el vigilante -sean o no delitos los actos cometidos- el criterio del Ente o persona que vigilando y acechando cuida, preserva, o asegura un bien común, (como la paz, por ejemplo, o la eficacia de algún sistema) será el encargado de determinar el tipo, grado y característica de la sanción o pena a sufrir por el vigilado, sea éste delincuente o no. En todas esas situaciones la actitud y el accionar de los involucrados, por lo general, generan responsabilidad. Por de pronto, se espía o se vigila a quien jamás se le dio o a quien se le ha retirado la confianza, con el objeto de preservar o prevenir y luego reprimir. Y lo hace quién tiene a su favor el "derecho", o pretende tenerlo, de exigir, de alguna manera, una conducta determinada. Quién no cumpla esa conducta "impuesta", comete -según sean las circunstancias que rodeen al hecho- un acto delictual o moralmente reprobable, o simplemente reprochable. En el primer caso se genera una sanción jurídica, en el segundo y tercero una sanción moral o doméstica. Las tres pueden ser por demás dolorosas, haciendo nacer, a su vez, responsabilidades en lo que respecta al cómo y al cuándo de su aplicación. En un monasterio, por ejemplo, negarse a rezar puede generar la necesidad, en sus directivos, de imponer sanciones disciplinarias, las cuales, es muy probable que se encuentren insertas en el texto del Reglamento de esa Institución, relacionado, seguramente, con el Estatuto o Contrato Constitutivo de la misma.- De lo dicho podría inferirse una definición aproximada de la Figura que nos ocupa, materia específica de este trabajo. LA RESPONSABILIDAD, entonces, en una primera acepción, no sería otra cosa que: La Entidad de naturaleza jurídica o moral, elevada a Institución al solo efecto de favorecer su estudio, la cual encontrándose latente en la actitud que lleva a la concreción de la conducta humana, se exterioriza siempre como sentimiento, por medio del cual el hombre llega a la evaluación no sólo de la acción efectuada por sí, sino también respecto de la acción efectuada por otro. Coincidente con la primera acepción referida, pero ubicada en segundo orden, la definición de la misma podría sintetizarse también, de la siguiente forma: Poderosa herramienta mental, ubicada en un recóndito lugar de la memoria en donde la conciencia humana -iluminada- da lugar a la emergencia del inobviable juicio de valor, respecto de la conducta propia o ajena. Eso, para que del primigenio sistema creado de castigos y premios, unido desde siempre al ser humano, pueda surgir, en el caso de castigo, la sanción, pena o amortización por medio de las cuales, quién se sintió ofendido o vulnerado en su derecho, por obra de alguien, podrá cobrarse material o abstractamente con un dolor infligido, el que deberá ser sufrido por la persona del transgresor-responsable, sea custodio o custodiado o, en el caso contrario de premio, recibiendo el ganador el premio, es decir, el cobro o el reconocimiento. Cuando una misma persona reviste la calidad de transgresor, aceptado por su fuero íntimo y además la de custodiado-vigilante (de sí mismo) el sentimiento que lleva a tal aceptación y que dará lugar a la sanción o represalia, por parte del que se vigila a sí mismo, el sentimiento que lleva a tal aceptación y que dará lugar a la sanción o represalia por parte del que vigila (en este caso a él mismo), corresponde a la del cargo de conciencia o arrepentimiento, por la situación generada a partir de su propia conducta. Arrepentimiento exteriorizado por actitudes inconfundibles que darán lugar a un determinado grado de humillación (confesión pública, por ejemplo) de la que habrá de surgir el precio a pagar en concepto de sanción. Por ese camino, así trazado, es posible llegar más lejos todavía. Hasta el límite último de auto sanción: el suicidio. Y debemos decir, además que a todo este sistema, el necesario para que, jurídicamente, puedan ser impuestas las sanciones que tienen por objeto producir dolores de igual grado al padecido por la víctima, como consecuencia del daño o perjuicio causando por el victimario, lo moviliza un único objetivo: recomponer el equilibrio perdido.

V Si la responsabilidad se entiende como deuda u obligación de reparar en razón de la misma por sí (asumiéndola) o por otro (al cual se le atribuye); siendo que el responsable está obligado a responder por algún hecho o por alguna cosa, sentirse responsable significa: poner cuidado y atención en lo que se hace o decide, ya que de no ser así, utilizando la frase "vigilar no es distraerse", deberá responder con la obligación de reparar abonando, saldando o amortizando el daño causando. De lo expuesto se desprende que: responsable es el que responde, ya sea de motus propio o conminativamente.- El responsable, en consecuencia, debe satisfacer, respondiendo al que tiene derecho de exigir respuesta. Respuesta que debe ser acorde con la pregunta tan inobviable como reiterativa: ¿Por qué ocurrió el hecho que, involucrándonos, produjo un perjuicio a mi parte? Después sobrevendrán las pruebas, si hacen falta, y las sanciones, si se merecen. Más tarde… tal vez.. las represalias y sus contestaciones. Todo dependerá de la situación planteada. Satisfacer significa deshacer un agravio. Y en ese mismo sentido puede decirse que: satisface, quien concreta una obra con la cual se transforma en merecedor (acreedor) del perdón respecto de la pena debida por éste, el que actuó inicialmente, perjudicando. Y a su vez, se satisface quien se aquieta, respecto de una duda o una queja producida por un dolor o una contrariedad, convenciéndose con una eficaz razón para aquietarse.

VI El ser humano del futuro, confiando en la tecnología que el ser humano anterior le legara, tendrá a su alcance el efecto, el producto, la consecuencia del accionar de la máquina, pero desconociendo, como seguramente desconocerá, la causa de ese efecto, por la rotura de la cadena que por siempre unió a ambos conceptos, necesitará, entonces -para poder mantenerse sin temor y preservado además de los múltiples peligros existentes- introducirse sin oponer ningún tipo de reparos, en la inquietante maquinaria generada por dicha tecnología. Ese habrá de ser parte del resultado: La sumisa aceptación de la programación, la que habrá de incluir, también y coincidentemente, la aceptación de la dirección establecida en las consignas de sus propios movimientos, creadores a su vez de magníficos efectos. Esto quiere decir que el hombre del futuro se verá obligado a perder su libertad de acción en cuanto a la elección de las múltiples fórmulas relativas al manejo de la referida tecnología, en razón del desconocimiento de las causas que establecen el modo, forma o manera con las que ese manejo (automático), al conseguir cumplir con su cometido, se torna eficaz. Eso así, por pretender ese hombre, íntimamente unido a su grupo, afianzar con esa pérdida aquello que también despaciosa e imperceptiblemente se encuentra perdiendo: la seguridad de su supervivencia. Este tipo de predicción o reflexión premonitoria, que no es difícil de imaginar por cuanto, en menor cuantía, ya está sucediendo en la actualidad, seguramente habrá de cumplirse con la entrada inobviable del hombre común a ciertos tipos de sistemas. Sin embargo, de esta manera, algún hombre común del futuro, tomando parte en alguno de los muchos que habrán de crearse, muy posiblemente, conseguirá liberarse de lo que podría llamarse la represión automática, con solo preocuparse un poco al momento de elegir el que más le convenga . Nueva forma de justicia drástica, ésta, dirigida a los usuarios que los vendedores de tecnología del futuro programarán, sin duda, con el único objetivo de desterrar la culpa de la superficie de la tierra y la consiguiente responsabilidad, surgida como consecuencia de los daños ocasionados a los distraídos o demasiado confiados: sus víctimas. Víctimas para las cuales, debido a su mentalidad -considerada para ese entonces como demasiado primitiva para ser asistida- el acceso al conocimiento racional (causa/efecto) se mantendrá herméticamente cerrado. Esta situación generará, en ese tipo de hombre, la concepción de un universo mágico, plagado de imágenes visuales incomprensibles, surgidas como por generación espontánea, o musicales sin tonos ni sonidos interpretables. Aquí deberíamos hacer un alto para tentar una explicación aproximada de la palabra culpa, ya que la misma entra sin esfuerzo en el amplio ámbito abarcador de la responsabilidad. Metafóricamente y/o abstractamente a La Culpa podríamos conceptualizarla definiéndola así: Elaboración mental a modo de sentimiento, generada por los minúsculos desechos de energía sobrante de la voluntad dolosa puesta en juego -luego de producida la reflexión que le otorgara el perfecto lugar para ubicarse-. Y cuya potencia, a veces extraordinaria, concretándose al introducirse dentro del alma como producto abstracto, posibilita en el ser humano común una total confusión, respecto a la característica esencial de su substancia. Transparente, sutil e invisible tejido por medio del cual haciéndose sentir como materia orgánica -viva- accedida perfectamente al cuerpo del que la soporta, consigue inquietándolo hacerle perder la tranquilidad, si no eternamente, al menos por un tiempo.- En cambio, Conjeturalmente, a La Culpa podría definírsela de otra manera: Causa o Fuente de Poder. Trama formada por las infinitas circunstancias y situaciones, las cuales, mayoritariamente, desembocan en sometimiento. En ciertas oportunidades, dicha trama contaría también con entrecruzamientos sutiles de hilos, enredados con desprolijas guías y fuertemente dispuestos, además, en paralelos y alisados carriles. Esto, sólo para mantener en forzado movimiento el continuo y desequilibrado contacto entre los hombres. Esto último, elaborado con criterio actual, equivaldría a decir a modo de resultante: Culpa, igual a: "saldo deudor", tomando en cuenta los dos términos de la disyuntiva o balance existente entre la deuda y la acreencia. Deuda o crédito continua e ininterrumpidamente elaborados, dentro de la sociedad de todos los tiempos, hasta el día de hoy.
Y que se salda y se renueva dentro de las desiguales condiciones de vida para ennoblecer al hombre acreedor de un cobro, por medio del orgullo, el amor propio (como exaltador del ser) y la dignidad (en semejanza con Dios, el Bien Supremo) y/o para degradarlo con el mote de deudor, por medio de la humillación y de la lástima, teniendo en mira, siempre, el terrible gran valor del miedo a lo desconocido -la sanción o el castigo- concepto que permite desembocar en la esperanza de la redención de ese hombre degradado, por medio de la fe en el cambio de actitud. La diferencia entre causa-culpa y causa-antecedente radica en el grado de verdad intencional a detectar o de error/equivocación (conceptos considerados, en este caso, equivalentes a desconocimiento), que los términos culpa y antecedente contienen dentro de sus respectivos significados. La culpa como causa de un hecho errado genera una pena que el responsable acepta, la que se traduce en una indemnización o sanción penal, moral o represalia, según la magnitud del hecho generado, medido por la intencionalidad, lo que significa otorgar al hombre, como ser espiritual la oportunidad de una disculpa o defensa. Disculpa o defensa que surgirá desde lo más profundo de su alma, proponiendo, entonces, también al hecho de la disculpa como fruto de una intención (voluntad). La sanción automática, ligada al incumplimiento de ciertas consignas (emanadas de la tecnología), por desconocimiento, otorga al peligro creado por el hombre la impunidad como consecuencia de la inculpabilidad que genera a su vez, ausencia de responsabilidad, surgidas todas por la arraigada costumbre de no reflexionar sobre hechos de características especiales. Parangonada dicha impunidad con la que Dios poderosamente detenta, respecto de los efectos nocivos de algunos hechos producidos por la naturaleza.

VII Tecnología y Responsabilidad: Al peligro de la electricidad la tecnología opuso el aparato disyuntor. Al peligro de la pérdida de gas, de los artefactos que funcionan por medio de ese fluido, como consecuencia del apagado casual o del mal uso que de los mismos el hombre efectúa, la tecnología opuso la válvula de seguridad. El ser humano experimentado, casi no enseña ya. La tecnología nos orienta empujándonos a todos hacia el individualismo, descartando la utilización del hombre por el hombre, especialmente en lo relacionado con el conocimiento, la experiencia y la enseñanza. La tecnología de ningún modo acepta la utilización referenciada, ni siquiera a modo de colaboración - atención - camaradería - reciprocidad o prestación de servicio interesada o gratuita, por cuanto justamente, es ella misma la encargada de concretar la referida prestación.- Además previene, ejecutando (el programa). La tecnología no determina ni indica ni enseña ni señala el peligro como antes se hacía, utilizando el método comparativo-reflexivo-tradicional del parámetro del testigo perjudicado. Su mayor mérito consiste en lograr eficacia sin requerir, necesariamente, la proximidad del hombre. La denominada tecnología de avanzada no pretende completar al ser humano sino algo más: suplantarlo, especialmente en tareas complicadas y riesgosas. Debido a esta característica el ser humano se encuentra hoy y se encontrará, cada vez más con el correr del tiempo, abandonado a su suerte que es como decir abandonado a lo desconocido ya que la nueva situación, debido a las infinitas variantes de utilización que esta nueva herramienta ofrece, ha generado a su vez nuevos peligros imposibles de prever, a partir de la puesta en marcha de su funcionamiento. Cuando ese ser humano común, eventualmente beneficiario de la tecnología, no tiene experiencia por falta de cultura, instrucción o atención -como consecuencia del padecimiento de la falta del tiempo necesario para abarcar con el estudio los conocimientos de las infinitas propuestas, situaciones y formulaciones producidas- se convierte inmediata e irremediablemente en el pez chico del dicho, que el pez grande necesita para la sobrevivencia. El ser humano descubre siempre demasiado tarde la peligrosidad del avance tecnológico, la que se encuentra escondida en las distintas formas de utilización. Cuando el hecho, por los resultados que produce la peligrosidad, deja a esta al descubierto, puede, ese ser humano, llegar a ser consciente de su adelanto, solamente cuando no haya quedado incluido en el resultado como víctima fatal.-
Cuando se pretende llegar a justificar el término "REPRESION" el uso de una pequeña palabra: "CUIDAR", basta. Mantiene intactos, sin padecer los perjuicios que acarrea el peligro, a los que por temperamento carecen de la voluntad necesaria para mantenerse en continua vigilia, atentos y al acecho, sin distracción; tensos y activos los músculos y los nervios para triunfar en la batalla contra el mal agazapado, que es como decir contra el error, pero algo más que eso. Perjuicios todos esos, generados como consecuencia de la puesta en funcionamiento de los apetitos y las pasiones, producidos, a su vez, por la liberación de energía contenida, dentro del campo en donde la intención de los otros o su instinto o la naturaleza -tempestades objetivas todas- pueden ser pasibles de observación desde varios ángulos, para poder llegar a ser contrarrestadas. Sin duda la "represión cuida", preserva por medio del temor a la sanción que habrá de aplicarse siempre cuando la consigna contra el mal latente, existente o posible se contraríe. O dicho de otro modo, la represión cuida por medio de la sanción que habrá de aplicar siempre el represor -sea éste el que fuere, hombre o máquina- cuando el ser humano incurra, exponiéndose al peligro, en incumplimiento de la conducta propuesta como beneficiosa. Llegaremos, sin duda, a construir trenes que se detengan al detectar un obstáculo en la vía. Ser humano, animal, o cosa inerte, por ejemplo. Trenes que habrán de ser más veloces cada día. Llegaremos a elaborar, también, el método anticonceptivo infalible, el cual habrá de cumplir su eficaz objetivo mediante el empleo de un instrumento, el que al detectar el torrente semental permita mantener perfectamente separados los espermatozoides del óvulo, bloqueando a este último. Pero cuando el organismo humano debido a la falta de interés pierda completamente el contacto con ese especial conocimiento llamado causa (antecedente, circunstancia, modo, forma, motivo, etc, de los actos o hechos), cuya luz, aunque menguada por la distancia, todavía hoy el hombre puede vislumbrar, ¿podrá ese gigantesco sistema instrumental tecnológico, creado como herramienta para el logro del acceso a la felicidad del hombre, garantizar a toda la especie humana la plenitud de su goce, concebido éste como deleite en general o disfrute íntegro del resultado de la fusión SALUD-físico-mental-propia y ajena con PUREZA completa dentro del medio ambiente? La tecnología preservará, pero también indudablemente reprimirá a los incumplidores de las infinitas consignas establecidas para ellos. Y como habrán de crearse peligros nuevos, sólo detectados a partir de la existencia de la víctima, la tecnología de última generación, funcionará desde el instante de la aparición de la nueva creación peligrosa, para encontrar el método de prevención apropiado; pero siempre habrá de hacerlo ubicada un paso atrás del hombre sin resguardo, expuesto a esos peligros. La inseguridad que acosa al hombre y la persecución vertiginosa efectuada por la maquinaria tecnológica lanzada sin freno en la concreción de la superación de sí misma en el resguardo de ese hombre, ya han sido detectadas. Aumentando el peligro creado como consecuencia de la velocidad impuesta a la misma y conocida esa circunstancia por la presencia de una nueva víctima humana, prosigue esta tecnología su marcha, sin solución de continuidad, en la ya referida búsqueda de nuevos métodos o fórmulas de prevención. El hombre, que aún siendo víctima ha podido salvarse, corre adelante despavorido aumentando en consecuencia, la velocidad, como consecuencia del aumento de la velocidad de la máquina en su persecución ya que la tecnología justificando su existencia en su función (siempre a favor de), pretende lograr contrarrestar sus propias imperfecciones y los perjuicios producidos por ella, en ella y en terceros, por el accionar de sus propios mecanismos de dirección. -Aumentando la velocidad de persecución, aumenta por consiguiente la inseguridad del hombre y con ella su angustia y su desesperación. La consigna debería ser entonces, evitar el peligro frenando la velocidad de avance de la tecnología, o de los sistemas tecnológicos, que es como decir frenar el devenir en el tiempo, ya que cada hombre al conocer el secreto de la misma, siempre se sirve de ella en su propio provecho, sin tomar en cuenta el grado de responsabilidad que a él corresponde por su utilización. En consecuencia, junto a la tecnología, el ser humano común vivirá atribulado, atormentado y, sin duda desorientado, tratando de no ingresar en la boca de ningún pez de tamaño mayor que el suyo propio, ni en boca de ella, la misma tecnología. En tan rápida carrera, por el lado del hombre que de esta tecnología saca provecho al venderla, desaparecerán, en razón de la desactivación del mecanismo generador de la culpa y de la disculpa (por medio del cual se accede más fácilmente tanto a la fórmula condenatoria como a la redentora), las buenas intenciones de ese hombre, tomadas como parte de su actitud natural frente a los hechos. Perdiéndose estas buenas intenciones, debido a la despersonalización de la tecnología, difusamente escondida dentro del accionar de la máquina. Desaparecerá también, en tan rápida carrera, por el lado del hombre común -el que de la tecnología se adueña comprándola- el beneficio del actual y eficaz auxilio de la esperanza al clamor unánime del pedido de misericordia (inmerso éste en un cambio de actitud consciente). Se supone que de ahora en más, si deseamos producir un cambio favorable en la situación actual, ese cambio deberá depender del hombre tomado individualmente y de su fortaleza aislada o unida a la de los demás hombres. Para ello deberá reflexionarse hondamente sobre los siguientes puntos referidos al hombre actual: En primer lugar acerca de su incesante proclama respecto a la limitación de su entendimiento, como justificativo consciente de su minusvalía por cuyo motivo no ahorra oportunidad para reprocharle a Dios esa circunstancia. En segundo lugar acerca de los efectos que esa proclama, sin embargo, ha provocado: Si bien el hombre le reprocha a Dios ese detalle, referente a su minusvalía acepta, sin reparos parte de la responsabilidad de sus acciones al incluir, por su cuenta y riesgo el factor "intencionalidad" dentro de lo que él mismo ha denominado "ser humano" y de cuya interpretación surgirá la valoración para otorgarle carácter positivo o negativo. Factor imprescindible para concretar el arribo a dos estados considerados contrarios en cuanto a sus características: "el Estado de Gracia" y el "Estado de Culpa", generado por su conciencia para llegar a establecer, en función de una medida, el valor de las obras tanto propias como ajenas y la posibilidad, que a cada hombre incumbe, de concretar la modificación de dicho valor o de dicha obra. Desgraciadamente, si ese hombre, el actual ya referido, no cambia pronto de actitud (nadie aún ha encontrado la formula para hacerlo, ni se halla cercano, al parecer, ese encuentro), el hombre futuro, común, se encontrará, sin duda, en una situación todavía mucho más delicada y terrible que la descripta un poco más arriba, como consecuencia de la falta de esperanza la que habrá de sobrevenir al diluirse el elemento o factor "culpa" dentro de la programación del sistema tecnológico-social, en donde ese hombre se halle inmerso. Disolución que dará por resultado la desaparición de la posibilidad, aún hoy latente, de redención humana en razón de algún pedido de misericordia. Redención que sólo puede concretarse por cambio positivo de actitud intencional, libremente determinada y en vías de producirse, en función de su futuro comportamiento, hacia el bien. El cambio de actitud, sabemos, se logra partiendo desde el punto medio común y transitando a partir de allí hacia uno u otro lado de ambas semirrectas de sentido contrario, pasando por todos los puntos posibles del trayecto que concreta el arribo al beneficio de la redención, como consecuencia del bien causado o en vías de causarse. Eso por un lado. Y por el otro lado el que concreta el arribo al perjuicio de la condena por el mal efectivamente concretado. Todo eso, lo referente al arribo a esos puertos o estados tan distintos, sabemos, porque somos conscientes, no lo puede concretar máquina alguna ni tampoco sistema tecnológico ni político ni social que mantenga dentro de sí inmerso al hombre

VIII Al haber perdido, entonces, el hombre futuro la posibilidad de utilización del factor intencionalidad, con la puesta en marcha de la sanción automática, carecerá hasta de la posibilidad de rezar, debido, justamente, a que las buenas intenciones habrán de tornarse inexistentes.- Desaparecida la culpa en el hombre futuro, al permanecer imposibilitado de concientizarse como causante de los daños generados, consecuencia de los hechos producidos -de cuya magnitud debería emerger la obligación de responder reparando- jamás podrá llegar a conocer, por lógica, la verdadera causa de su trágica imposibilidad de ruego, inquietante por demás. Todo eso habrá de ser así, por cuanto la sanción tendrá lugar siempre y cuando la consigna, establecida para su funcionamiento, no se cumpla. Sea ésta conocida o desconocida por el que, por algún motivo, se acerque a su mecanismo. Debiendo agregarse, además, para poder completar la reflexión iniciada, que lo peor de esta situación radica en que, lamentablemente, la consigna se habrá de hacer pública recién cuando el efecto de la represión (más represalia que sanción) trascienda, ya que se trataría de una pena sufrida por la víctima, emergente del incumplimiento de una consigna desconocida por ésta y latente hasta la concreción del hecho. Para desgracia del ser humano del futuro, esta clase de represión, por demás injusta, en lugar de servir de escarmiento a las partes generadoras del peligro causado -atento a que el mismo, por lo general, suele resultar imposible de determinar de antemano- hará recaer sus efectos nefastos en terceros no involucrados, ajenos por completo a los hechos. Al respecto y como consecuencia de todo lo expresado es que más que de sanción o escarmiento podría hablarse, con razón y mayor propiedad de represalia. En la mayoría de los casos la represión comentada no toma para nada en cuenta a los generadores del peligro causado -los realizadores (ideólogos y fabricantes) imposibles de determinar por lo numerosos.

IX LA PERSONA FISICA: llamada también corpórea; se desenvuelve dentro del mundo, por lo general, actuando por derecho propio o por medio de su representante legal, en caso de no poder hacerlo por sí misma. Posee, luego de su inscripción en el Registro, un documento de identidad que hace las veces de matrícula, con el cual se lo distingue de entre otras personas físicas similares por sus características. Debemos afirmar que éstas, antes de su inscripción en el registro respectivo, no existen. Sus representantes naturales tienen hoy, por imposición de la ley, surgida desde el seno de la sociedad que dio nacimiento al ente Estado, la obligación de formalizar esa inscripción cuyo principal objetivo es permitirle a ese ser físico, no tomado en cuenta todavía, entrar en el sistema jurídico-político -institucional/nacional- el cual le posibilitará desde el otorgamiento de dicha matrícula (DNI), desenvolverse ante el mundo entero como persona física, concreta, con facultad para ejercer los derechos que le fueron conferidos, o las obligaciones asignadas o asumidas como ser humano capaz –RESPONSABLE desde su mayoridad- o como incapaz –IRRESPONSABLE durante el tiempo de su minoridad, o como consecuencia de una incapacidad o inhabilidad originaria o sobreviniente-. LA PERSONA JURIDICA O IDEAL: llamada también entidad social, jurídica, o razón social, en atención al origen causado: no posee la necesidad de aumentar la defensa del cuerpo físico. Por el contrario la persona jurídica se desenvuelve por medio de representantes instituidos según lo determinado en el texto normativo de su estatuto que le otorga vida institucional específica según su tipo. Luego de concretada la inscripción, a partir de la cual se produce el otorgamiento de matrícula con la que se consigue su personería o individualización, sus actos se hacen oponibles a terceros que es lo mismo que decir al resto de los hombres, hayan o no hayan, estos terceros, suscripto el referido contrato constitutivo o adherido al mismo. Téngase en cuenta que un ente no puede desenvolverse ni efectuar actos sin el auxilio de sus representantes legales, los cuales, surgidos de la manera expresada, se constituyen en responsables del ejercicio de esa representación.
FIN
Amanda Patarca

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