ABONAR

25/05/2017 - Publicaciones

Me acabo de dar cuenta de lo que significa la palabra “abonar” en su sentido ontológico profundo, es decir: analizada, su esencia, con extrema minuciosidad, desde su ser creador: el Hombre
Me he dado cuenta, además y complementariamente, de lo que significa la frase “abonar rápido”. Ejemplo: Podría, uno, decir: Deseo ir a tierra para lograr un rápido abono. Lo que equivaldría a decir (verbo condicional, por constituir el soporte de una imagen metafórica) que: Depositado el cadáver, de uno, directamente en tierra, ese cadáver, así depositado, pasaría a abonar, casi sin demora, desde el instante de acaecida su propia muerte, aunque sin demasiada prisa pero sí sin pausa, lo que, ciertamente, precluyó en ese mismo momento, con carácter de deuda. Pero… ¿Qué debe el que reflexiona de ese modo, para desear ir a tierra al morir? ¿A quién se abonaría y por qué casi sin demora? ¿Quién pretende que eso, lo del pago, sea concretado así, de esa forma: sin demasiada prisa y de manera contundente?¿Dónde se encuentra escrita esa ley? ¿Y por qué resulta indiscutible su existencia, e inexorable su cumplimiento, luego de analizado el contenido lógico de su texto? Veamos un poco, sólo un poco, porque ésto merecería algo más que un poco: Merecería, a mi juicio, más cantidad de preocupación por el asunto, lo que daría como consecuencia más necesidad de cantidad de tiempo para el análisis ya que, en esta cuestión, no cabe dudas de que se encuentran involucradas las pocas y contadas palabras que sostienen la concepción y el desenvolvimiento vitalde la existencia humana, sobre la superficie de la tierra. Son cuatro, a saber: vida, libertar, albedrío y muerte.
A partir de la idea relacionada con el libre albedrío aprendí, o tal vez mejor dicho: me di cuenta, de lo que significa la palabra “descartar”. A partir de la idea relacionada con la palabra muerte aprendí o me di cuenta de que con el acopio, o sea con la acumulación de lo descartado, tomado, ese término, como fenómeno, bien controlado, dentro de su efímera condición, se llega al resultado, sumatorio, de lo indiscriminado, cuyo sentido se manifiesta como absolutamente contrario al de lo interesante.
Se sabe que al resultado concerniente a la sumatoria de lo indiscriminado, como consecuencia de razones atendibles, se lo consideró, siempre, como absolutamente neutralizado atento a que se la tomaba como resultado de un asunto sin importancia y por cuyo motivo se la indicó, siempre, como carente de aptitud para ser tenida en cuenta. Ésto, como consecuencia de los efectos negativos e intrascendentes generados a partir de la concreción de fenómenos no interesantes, y de la inserción de estos, en los casos, cosas o asuntos en los cuales los protagonistas estuvieron involucrados.
Ahora bien: Para lograr una mayor rapidez de comprensión y entendimiento del tema en análisis, podríamos detenernos en este punto, todos, para traer a nuestra memoria de manera consciente o inconscientemente provocada, la muy accesible teoría de lo interesante y lo indiscriminado. Y así, por medio del enlace de ideas, aceptar que todo lo que al ser humano le resultó conscientemente interesante, durante el transcurso de su propia vida (que es todo lo que no fue considerado por él indiscriminado) resultó siendo acopiando por él. Y, una vez sumado todo lo acopiado (vinculo afectivo mediante), considerada su naturaleza como real y anímica, el valor resultante constituye lo que inobviablemente este ser humano deberá abonar. Eso así, para que los nuevos pasantes, seres humanos llamados, todos, a entrar en la característica categoría de descartables -tan descartables como lo fueron los antiguos pasantes ya desaparecidos- buscando concretar lo que todos buscaron, que consistía en acopiar sólo lo interesante, sumen, finalmente, lo elegido -por ende no descartable- luego de efectuado su rescate desde dentro de lo originariamente indiscriminado. Es, en consecuencia, el remanente interesante, el definitivo valor a tomar en cuenta al momento de saldar las cuentas.
Así, con equidad infinita, en sus tres órdenes (espiritual, mental y corporal), es como equilibra Dios su contabilidad magnífica, me dije. Dios, que es, en definitiva, el que recibe la paga (el pago, el tributo, el abono) de parte de los que, viviendo, fueron incrementando su deuda. Deuda surgida, en primer lugar, por lo que la propia naturaleza fue acumulando en ellos, para conseguir completar cada uno de sus propios cuerpos con el agregado del alma (aliento vital generador de anhelos) y en segundo lugar, por lo considerado, por ellos, abstractamente interesante, representado por todo aquello que llegó a afectarlos anímica y espiritualmente. Y sí, pensé: Se trata de Dios. El receptor no puede ser otro. ¡No existe otro! Él, que es el Ente o Numen que tiene a su cargo la administración contable de la naturaleza nos está demostrando, de una manera por demás convincente, que Él es el que, desde el principio de los tiempos y por su orden, recibe, la última paga de lo que a cada uno de los seres humanos, de manera inexplicable, le fue concedido. Su distribución inacabable realizada a su arbitrio, en base a la inalterabilidad de los elementos empleados desde su génesis; su majestuosa manera de poner un cero en el debe junto al otro cero, el ubicado en el haber, volcados con trazo sereno, en balance extendido, en el mismo renglón de su libro del día, denominado el Libro Diario… es un fenómeno, o mejor dicho: un acontecimiento celestial inigualable… ¿Comprensible? Buena Fe, en medio, tal vez.
¡Las cuentas del Cielo ¡Oh Dios mío! dan Cero-Cero, cuando de seres humanos mortales, se trata. ¡Cero-Cero, siempre, sin excepción, escritos con trazo sereno y abierto. Abierto el trazo del primer cero y el otro cero, como mi boca abierta! Por donde se asoma mi estupor.

Amanda Patarca.



Volver