TRABAJO PRELIMINAR.- I: Análisis del concepto DINERO

23/06/2017 - Publicaciones

Considerado sumariamente desde dos puntos de vista: a): Desde su carencia total (indigencia) o parcial (estado de necesidad relativa): Como protagonista generador de la aflicción humana. b): Desde su tenencia desproporcionadamente abundante: Como entidad concreta creada y producida
inicialmente para oficiar de pacífica herramienta, trocada rápidamente en arma por la mayoría de los que la poseen acumulativamente (en grandes cantidades). Transformación explicada en razón del amplio poder de disposición que engendra.
II: Algunas consideraciones filosóficas -preparatorias para el tratamiento del tema TERRORISMO dentro de la dimensión "dikelógica"- acerca del DOLOR humano (físico y anímico), el esperado GRITO y el estado de resentimiento generado, consecuencia de la continua e incesante persistencia del primero, el dolor.

Y en el principio fue el caos. Más tarde la luz fue separada de las tinieblas para que el orden comenzara a imperar. Y se crearon, definitivamente, un número considerable de especies. Y esa distinción de la naturaleza se dejó ver a la pareja humana, la que entrara en escena luego, como broche final para proseguir, también ella, con la maravilla de la evolución. La memoria -respecto de todo cuanto, en relación con lo creado, fue siendo- le permitió, a esa pareja humana, hacer las cosas a la manera dictada por su libre albedrío para que, pasando por las infinitas variantes que las circunstancias le hicieron posible, llegara en conjunción y a través de todas esas especies referidas, a constituir el "ser" de lo que hoy "es." Es que la mente humana no sólo recordó para salvarse de los depredadores sino que, además, tuvo que elaborar combinaciones. Sus logros, en relación con estas combinaciones les permitió a todos establecer las diferencias existentes. De los pensamientos surgidos de la memoria activa, de cuyo testimonio sólo los seres humanos ejercieron el poder de disposición, nacieron los valores y, de entre ellos, el surgimiento del orden de prioridad no se hizo esperar. Y los hombres, cumpliendo con la frase bíblica-testamentaria: "Gararás el pan con el sudor de tu frente", trabajaron para paliar las necesidades, algunas de primer grado y otras no tanto, acumulando la riqueza creada y administrada por ellos mismos o por otros, con lo cual la diferencia económica de los hombres no sólo se hizo notar sino también sentir, completamente. El dinero, elemento indispensable, as¡ dijeron sus creadores, en su momento, tratando de convencer, les sirvió a todos para suplantar al trueque, figura económica-jurídica con la cual transaron los hombres hasta que sucumbiera aplastada bajo el propio peso. El dinero desplazó, entonces, en forma inmediata, al trueque en los mercados, sitios en donde se negaron, un día, a aceptar a este último por la precariedad que entrañaba el inestable valor de sus necesarios componentes, cotidianamente considerados utilitarios-subjetivos. Y por la dificultad, muchas veces existente, al pretenderse encarar el traslado de las cosas que tomaban parte en la transacción. Pero, convertido éste dinero, inmediatamente, en otra cosa: en herramienta intermediaria multiuso, de aceptación unánime, al reproducirse sin generar riqueza natural concreta, muy pronto se transformó en mercadería doblemente útil, ya que servía como elemento válido de precio en la compraventa y además, de financiamiento. Con valor relativo, según cómo resultara la definición de la respuesta final, ubicada sobre las coordenadas espacio-tiempo, a saber, Ej: valor de previsión; de adelanto; de espera, de aval; de seguro; etc. La obtención de la renta acumulable, llamada "interés", el que podría considerarse latente, devengado, vencido, accedido o adeudado, de cumplimiento ineludible en la mayoría de los casos, renta ésta, generada a favor de los propietarios del dinero inicialmente entregado "y puesto a trabajar", llamado capital, se constituyó con el correr del tiempo y las modalidades de uso en cada país, en el negocio m s rentable o ganancioso del mundo entero. El dinero, así manejado como elemento mediático, sin agregar ningún elemento naturalmente mitigante al diario estado de necesidad del género humano, fue acumulándose en las manos de los m s sagaces y especuladores los cuales, midiendo y
calculando, premeditadamente -característica específica del "homus económicus"- las consecuencias de las variables circunstancias por las cuales la vida humana debe atravesar a lo largo de su trayectoria, fueron transformándose paulatina e imperceptiblemente en "los poderosos" fácilmente envidiados por los desposeídos.
Los poderosos, dueños de la mayor parte del dinero circulante en el mundo, los que pudieron antes y pueden hoy, cada vez con mayor contundencia, seguridad e impunidad, hacer y deshacer cuanto desean, a su antojo, han permitido, dando lugar, tal vez por inoperancia de la mayoría de los que después se autoconsideraron víctimas, que la mitad del mundo rezagado, en donde habitan y/o se desenvuelven los seres humanos de reacciones más lentas, está sumida dentro de la más inhumana forma de vida, la que se genera uniendo la pobreza -l‚ase dependencia- a la ignorancia -léase esclavitud. Todo eso debido a la exitosa unión de estos hombres poderosos en trades y corporaciones, sociedades y/o personas jurídicas de todo tipo, dentro de las cuales se destacan las sociedades anónimas, llamadas así por ocultar al público en general los nombres y apellidos de sus integrantes.
As¡ generaron éstos, con el correr del tiempo un sistema comercial/financiero/jurídico/civil tan perfecto para el logro de sus fines de dominación, científicamente proyectados que, sin posibilidad de retorno a la vista ­vaya paradoja! hoy no puede corregirse ni proseguirse más.
Esto, quizás ocurrió así, de esta manera, como consecuencia de la proyección otorgada a sus normas, estrictamente formuladas por los directivos de las referidas entidades corporativas para conseguir, como consecuencia de la complejidad de las mismas, el mayor grado de indiferencia de los copartícipes excluidos de la administración. Y... tal vez más, ya que ubicados dentro de este punto no debemos olvidar que la indiferencia lograda, sobrevino a partir de la subyacente y sistemática oposición respecto a cualquier tipo de deseo de colaboración -por parte de los referidos excluidos- en las tomas de decisiones, relacionadas con los temas económicos/ financieros, de su incumbencia. Temas que, por no generar para esa gran mayoría marginada, motivo de discusión ni de debate, siquiera, terminaron siendo tratados y desarrollados por los tecnócratas de turno, dejándose en manos de los copartícipes no administradores -nada menos que la inmensa clase media actual del mundo- solamente una posibilidad, una mísera posibilidad: la de adherir tácita e incuestionablemente a sus cláusulas normativas, tal como hicieron, con anuencia del gobierno, los bancos y compañías financieras en la República Argentina. Concretando de esta forma, cuando lo consideraron oportuno, el más escandaloso rompimiento de las cláusulas contractuales basadas en el respeto a la ley de propiedad. Por medio del saqueo de las arcas privadas, repugnante proceder para cualquier espíritu respetuoso del sistema jurídico imperante en un país occidental y cristiano como lo es la República Argentina. Es así como sin libertad, es decir: sin recursos para el cambio y sin dinero, a ese hombre -el involucrado negativamente por haber quedado inmerso dentro de la clasificación pasiva del sistema llamado "capitalista", sólo le es permitido trabajar, en relación de dependencia, para los grupos dominadores económicos de poder imperantes -léase: los que rigen hoy en más de la mitad del planeta Tierra. Eso, si es que esos grupos se avienen con él aceptando su trabajo.
Ahora bien, tanto es el llanto generado y el clamor escuchado en pro del cambio de actitud de los detentadores del capital, poderosos dueños del dinero necesario para el logro de una mejor calidad de vida que la frase constantemente escuchada en todo ámbito, a la cual, desgraciadamente, ya nos hemos acostumbrado todos, es la siguiente: "Esto que hoy llamamos vida se ha ido transformando en un suplicio. Constituye un verdadero calvario dejar de vivir para sobrevivir sólo apenas y por sobre todo sin ninguna esperanzas de cambio por falta de posibilidades para revertir la situación.
Tal vez sea mejor morir que vivir así...a oscuras".
Hace mucho tiempo que ésto viene pasando, que el dolor generado clama una respuesta.- Su origen subrepticio, aunque no certeramente malicioso, dio lugar a una evolución inadvertidamente maligna. Sin embargo, al detectarse esa malignidad, de la cual ningún hombre ha querido hacerse cargo, la queja no se hizo esperar. Y fue tan grande el dolor causado, de atenernos al clamor de la queja escuchada ya desde un entonces remoto, que a principios de la era cristiana, por ejemplo, la mejor metáfora elaborada para expresarlo en la medida justa se concretó describiendo el hecho en su propio idioma de pecado. Fue as¡ como a aquellas personas envilecidas a causa del dinero; las que destruían la vida de ciertos hombres, tomadores de crédito, no se los tildaba de "asesinos" por haber matado a un hombre, no. Ellos concreta y material y naturalmente no mataban nunca a nadie, otros se encargaban de hacerlo. Pero... para acrecentar, categóricamente, la idea de hecho reprobado con la consecuente mega-responsabilidad de los que, de alguna manera quedaron involucrados en el fenómeno descripto, se los consideró asesinos con mayúscula, por haber matado, con su actitud de indiferencia respecto a los reclamos del género humano, nada menos que a Dios.
Y como ‚so parece que fue así, no más, fue así, también, como Jesús, el bondadoso, el más justo, hermoso y vital de los mortales, considerado Dios todopoderoso y eterno por los cristianos del mundo entero que de esa manera lo reconocieron, fue entregado por Judas Iscariote a "sus enemigos", no a los judíos, atento a que él también lo era, sino a otros enemigos: a los dueños del poder de disposición, ejercido sobre bienes y sobre hombres de esa tierra -lugar en donde esos hechos sucedieron-. Y lo hizo, Judas, por cuarenta denarios, con los cuales los interesados pudieron abrir, de par en par, todas las puertas de acceso a los caminos de su crucifixión. Los dueños del poder y los denarios, al disponer ese día, sin mucho trámite, la concreción de esa muerte no mataron solamente al hombre que siendo Dios por los hombres se inmoló, resucitando luego, como era de esperar que un Dios lo hiciera, no. Ese d¡a, con intermediación del dinero de los poderosos, cifra ínfina en relación con la magnitud del hecho concretado, esos hombres
no sólo asesinaron, quitándole realmente la vida, al hombre común llamado Jesús; el que tomando parte de la sustancia de Dios lo integraba, según así da cuenta la generalizada explicación aceptada por todos los cristianos, sino que ese d¡a, por medio de ese mismo hecho, también se asesinó en la persona de Jesús a todos los desposeídos del mundo, seres humanos carenciados de bienes materiales y por sobre todo de espectativas precisas, certeras, respecto de la concreción del cambio de actitud de los pudientes, tendiente al logro, por parte de los pobres, de una mejor calidad de vida.
Hoy, sin habernoslo propuesto, la intinuición dio paso al descubrimiento.
Recién ahora, pudimos acceder a la perfección de esta metáfora generada más de dos mil años atrás. La realidad de nuestra conflictuada ‚poca nos permitió llegar al convencencimiento de que ese hombre asesinado, Jesús, representaba a la humanidad oprimida, la que no pudiendo defenderse de la fuerza generada como consecuencia del discrecional uso que del dinero efectuaran los poderosos, no tuvo más remedio que resguardar su esperanza de cambio cierto, cobijándola bajo el amparo de la fe, puesta en la redención (por la gracia de Dios) o salvación (por las obras buenas concretadas por los mismos seres humanos), aunque inalcanzable en el lapso de la vida. Alcanzable -la fe así lo afirma- sólo en el más allá . Más allá , de cuya virtual materialidad y variadas formas de acceso nos instruyen, catequisándonos, la mayoría de las consignas de tenor religioso.
Explicación ésta que separa la realidad de la ficción deseada por medio de la teoría del distanciamiento. Con la referida mega metáfora aunque no se logre individualizar a los primitivos creadores de riqueza, fuente de poder, representada inmejorablemente por el dinero, al menos, por medio de ella se consigue, sí y bastante, acceder al conocimiento sobre los que, luego, mucho m s tarde, a través de su discrecional uso, ejercieron el poder de su disposición total, por medio de las normas creadas por ellos mismos, con las cuales posibilitaron la reproducción constante del dinero, de manera geométrica.
A la frase bíblica "Ganarás el pan con el sudor de tu frente" hubo que agregarle, con el correr del tiempo, otra, tan contundente como la anterior: "Si los dueños del poder de disposición del dinero lo permiten".
De la fortuna generadora de infortunios o asentada sobre el infortunio humano, hoy nos estamos dando cuenta de que más de la mitad de la humanidad pide rendición de cuentas brutalmente, por medio del idioma primitivo más explícito: el grito, elevado a la en‚sima potencia por medio de la tecnología. Tecnología que, sabemos, responde siempre a las necesidades de los hombres que se sirven de ella. Ahora bien, a la pregunta: ¿Se escuchó ese grito? Debemos contestar: No podemos negarlo ya que efectiva y claramente se escuchó. Más, se sigue escuchando, aún. El clamor de más de
la mitad de los seres del mundo pobre fue y sigue siendo un nime. Pero si pasado un tiempo, respecto de ese extraordinario grito, el proferido puntualmente el 11 de setiembre de 2001, por ejemplo, pudiéramos llegar a comprender no sólo lo obvio: el dónde y el cómo que todos conocemos sino, además, el porque exacto, sin ambiguedades ni explicaciones hipócritas -por permitirnos prestar un poco más de atención a las circunstancias que rodean siempre a esta clase de incógnita- seguramente nos sentiríamos mejor; más humanitarios, tal vez, por haber conseguido, detectando el dolor provocado por dosis excesivas de indiferencia, desentrañar la verdadera causa.
Penetrándolo a través de la tenebrosa y espesa tiniebla, desde siempre colmada por el resentimiento, generado, justamente, por su persistencia.
Veamos, entonces: Cuando una criatura, sin habilidad ni medios para hacerse entender, grita, a nadie se le ocurriría sofocar ese grito quitándole la vida a quién gritó para que luego, la autopsia solicitada por el interesado en conocer el motivo de ese grito, explicara el porque de su razón. El resultado de la autopsia del que antes de morir gritó, sin explicar por que, ya que de ‚so se trata, se ha tornado, hoy, absolutamente imprescindible. Más si pretendemos ser buenos analistas-investigadores. No se puede justificar al terrorífico hecho concretado el once de setiembre de dos mil uno, coincidentemente generado con yuxtaposición del descomunal grito proferido, calificando a la masacre producida como: proveniente de la más absoluta maldad, fruto de una o de varias mentes desquisiadas. Y no se puede, decimos, porque si aceptáramos, con carácter de justificativo de la referida masacre concretada, sólo a "la locura"; locura simple, a secas, sin razón, aún intuyendo que la locura siempre carga alguna razón, aunque la mayoría de las veces no podamos acceder a ella, por desconocimiento de las circunstancias, la multiplicación de estos hechos aberrantes o tal vez de otros peores, no se haría esperar. Ya que el límite de la "alocada maldad", el que correspondería a la maldad m s terrible, como todavía no ha sido dibujado con trazo firme, ni bosquejado siquiera con la imaginación, hoy se lo sigue referenciando como inconcebible. Gran error, nosotros nos negamos a aceptar esa formulación simplificada. Por esa razón, algunos analistas comprometidos en tapar causas fenomenales, las que dan lugar a situaciones de imprudencia extrema, por lo delicadas, aparecen queriendo interpretar ese grito- el proferido recientemente -en setiembre último- con una frase cuyo pueril argumento resulta, a todas luces inaceptable: "Alguien -dicen- dotado del grado de osadía necesaria, se encuentra hoy, en franca actitud de atrevimiento, tentando coordenadas con las cuales habrá de concretar el cuerpo, aún desconocido (por lo informe) de esa terrorífica y alocada maldad". Si los acontecimiento del World Trade Center fueran el resultado de lo que que desaprensiva y ligeramente llamáramos "locura", no habría solución posible, al respecto, porque de resultar ese atentado fruto exclusivo de una locura con características referenciales de "contagiosa", indudablemente habremos de sucumbir a los hechos ya que no existe, aún, el remedio específico para esa enfermedad cuya generalización se torna día a día más manifiesta y más atrevidamente perniciosa.
Amanda Patarca.

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