Incongruencias del discurso actual concernientes a ideologías contradictorias como lo son el liberalismo-capitalista y el comunismo-socialista.

23/06/2017 - Publicaciones

Hoy domingo, en la Iglesia se habló de la Misericordia de Dios. De los conceptos vertidos referidos a la vida comunitaria de los primeros cristianos, derivó la necesidad de hacerla conocer, por tratarse de una disciplina virtuosa, un poco olvidada por parte de los católicos, para devolverle la jerarquía que, con el paso de los años, fue perdiendo. Se está tratando, así dijo el sacerdote, de que los seres humanos se muestren en estos tiempos actuando a favor de los inocentes, con un índice de misericordia mayor. No se habló de lo que significaba, hoy, ser inocente porque se lo dio por consabido. Creo que habría que ahondarlo para ubicar al inocente en su justo lugar y así nunca más llegar a ser injusto con él.
Últimamente vengo escuchando muchas cosas que no entiendo, tal vez porque intuyo que no llegan a calzar como debieran dentro de la realidad en la cual todos vivimos sintiéndonos como víctimas cada vez más apabulladas por las demasiadas exigencias a cumplir. Pero lo que más me preocupa es el doble discurso, generador de conductas ambiguas, que se hamaca entre la cristiana ideología del compartir, aplaudiendo la referencia histórica de la vida de los primeros cristianos constituyentes de la comunidad ideal, anhelada o soñada por haber sido en su inicio supervisada por Jesús, y la actitud asumida por los rezagados, carenciados, desplazados de los sistemas políticos en funcionamiento, para los cuales ese tipo de comunidad, mal conocida y por lógica consecuencia mal interpretada por ellos, se asemeja mucho a la aceptada por los seguidores de la actual ideología política del por siempre renovado comunismo de izquierda. Para que se entienda lo que pretendo expresar, debo decir algo que por obvio no debiera repetirlo, pero lo repetiré: Que las comunidades de los primeros cristianos, guiados por el Espíritu Santo de Jesús, vivieron en comunidad mientras pudieron hacerlo, siendo ellos mismos sus propios administradores. No contando, en consecuencia, con ningún tipo de gobierno político, institucional, que hiciera las veces de administrador-repartidor de lo que habían acumulado para distribuir. Eso así, por haber optado, desde sus orígenes, prescindir de él (del referido administrador-repartidor-institucional) instintiva y espontáneamente.
El doble discurso (del cual reniego, rechazándolo) con el que me han acostumbrado, últimamente, a convivir los ciudadanos comunes de clase media baja; los que reconozco constituyen la gran mayoría de cualquier país de América Latina, y que, además, muestran sus preferencias y ejercen su especial simpatía por el régimen político llamado socialismo (si no lo hacen de manera abierta por el llamado comunismo) se basa, no sólo en pretender que Jesús y sus discípulos fueron la raíz o numen esencial gestador del régimen comunista, con cuyas enseñanzas bíblicas tergiversadas pretenden aleccionar a los desprevenidos haciéndolos caer en un grave error, ya que Jesús de comunista no tenía nada, sino en colocar ese tipo de afirmación en abierta oposición (aunque ubicadas en yuxtaposición en lo que respecta a su uso práctico), de lo que marcan los hitos relacionados con la carrera (o marcha) que algunos seres humanos emprendieron, desde el principio de los tiempos, con absoluta libertad y con un único rumbo movilizador, emergente de su libre albedrío: bregar, por derecho propio y por el de sus seres queridos carentes de habilidad, a favor de la supervivencia de todos ellos. Y, de manera coincidente, administrar, el persistente y repetitivo cúmulo resultante de sus bienes domésticos, necesarios para asegurar el logro y la preservación en el futuro de esa supervivencia conseguida. Y para cuyo desarrollo, en progreso constante, los seres humanos que habitaron y habitan este planeta Tierra establecieron, de manera tácita, su mayor anhelo: que esa existencia no sólo cumpla con su intrínseco cometido de ser por naturaleza estable (ni precaria ni riesgosa), sino además, ininterrumpidamente pacífica.

El doble discurso, del cual reniego, se mostró de manera práctica, cuando llegó el momento de explicar lo que significa o debe significar para los católicos del mundo la Misericordia cuyo origen se remonta a la primigenia misericordia que Dios prodigó a sus seres humanos muy queridos. Y fue allí cuando me enteré que un obispo escribió un libro sobre los beneficios que su práctica constante prodigarían al mundo sufriente; actualmente fruto del egoísmo generado por la inseguridad, enquistada de manera renovada en incontables y veloces círculos viciosos.
Un libro es un objeto de deseo con valor económico como todas las cosas acumulables que se encuentran inmersas dentro del mercado, organizado por los hombres para lograr un provecho. A este libro no se le puede negar el valor moral o espiritual trascendente superlativo para cualquier católico pero no podemos negarle, asimismo, valor económico. ¿Quién puede pensar en vivir apartado de los bienes que integran este tipo de mercado?
Mesura en el comprar. Mesura en el acumular, Mesura en la acumulación de las ganancias obtenidas por la concreción de negocios prósperos. De ese libro, pensé, podrían venderse varios millones de ejemplares si tuviera un muy buen marketing. Pues… que armen un buen marketing, entonces. Para ello, para que el consumo de ese libro excelso sea mayúsculo hace falta mucho dinero. ¿Cómo hacer para volver a vivir una vida moderna con las características dadas por La Biblia a las comunidades concernientes a los primitivos cristianos? La flecha que marca el rumbo del movimiento del devenir de los hechos al ser lanzada, se dirige siempre hacia el porvenir. Nadie puede hoy olvidar eso. Seamos misericordiosos de la manera en que sea posible serlo. No seamos egoístas. Ayudemos distribuyendo, con conciencia, lo que consideremos distribuible. Hagámoslo sólo por hoy (por ahora como decimos actualmente). Sin pensar en las limitantes leyes, sancionadas o impuestas a partir de presiones de grupos económicos interesados. Poco a poco el mundo habrá de cambiar. Ya se perciben señales de cambio, dentro del espacio en donde todos recibimos, de la naturaleza misma, el aire todavía vital (con el actual grado de oxigeno existente) que aceptamos instintivamente para vivir. Ninguno de los actualmente considerados cristianos desea ser pasible de recriminación. Adelante, entonces, con las nuevas propuestas basadas en la misericordia restablecedora.

Amanda Patarca.

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