EL SABER

23/06/2017 - Publicaciones

Porque necesitamos los seres humanos de un ejemplo de perfección es que lo buscamos, intensamente, desde el inicio de los tiempos. La mayoría lo encontramos en Dios, fuente de toda razón y justicia.
Él, sin dudas, nos hizo perfectos porque de Él provenimos. Y así debía ser, sólo por eso. Y porque nos hizo perfectos nos dio el don del pensamiento, el que constituye la esencia del poder evolutivo del hombre ya que de la percepción que genera la sensación primigenia nace la idea de concepto de lo que queremos nombrar para apropiárnoslo y de todo lo mencionado más sus infinitas asociaciones, emerge el conocimiento de lo que rodea al hombre, incluido él mismo dentro de su propia situación. Decimos poder evolutivo porque, en un principio, ese poder de conocer y alcanzar conocimiento, abarcando, entendiendo, comprendiendo y nombrando, fue pequeño. Pero todo nos informa que al igual de lo que ocurre con la cadena de ADN que constituye, hoy, según lo investigado, el poder natural, concreto y absoluto, recibido, desde Dios, por los hombres, con todo lo que, sin permitir variante alguna, les hace falta a éstos, para completarse corporalmente luego de iniciado el proceso que habrá de concluir sin excepción dentro de los nueve meses de gestación, el pensamiento y su cadena es, indudablemente, de naturaleza ilimitada (infinita). Cadena contenedora de la fórmula de gestación y desarrollo del pensamiento, desconocida íntegramente hasta el momento. La que nos hace pensar, conjeturando, que dicha cadena (la anímica - espiritual - incorpórea - abstracta) se encontraría involucrada dentro de la cadena de ADN corporal al parecer con solo un lugar de encuentro: las neuronas cerebrales, Y así como decimos que constituye una entidad ilimitada e infinita en su evolución, en todo lo concerniente respecto a la posibilidad de arribar a logros programados, también podemos decir que ella, la cadena mental o anímica, nos permite subir desplazándonos de manera ascendente (metafóricamente hablando) buscando la forma de sumar experiencias no tangibles para abarcar más circunstancias, situaciones y casos propios o ajenos, con los cuales no sólo aumentamos nuestro conocimiento sino que ese mismo conocimiento, asociado a otros de la misma índole, nacidos de la misma forma, pero en otros, nos permite otorgarnos la inmensa alegría de crear expresándonos cada vez con mayor propiedad (En realidad, así debería ser) para dejar, sin rodeos, la impronta humana intercomunicada por los siglos de los siglos y hasta mejorada de generación en generación. Si el hombre, como consecuencia de su desconocimiento (ignorancia) titubea, al permitirse el lujo de poner en funcionamiento su parte intelectual o anímica, por medio del pensamiento, se irá transformando en un ser cada vez más libre y confiado en sus propias fuerzas para concretar lo que anhele concretar.
El “darse cuenta” de lo que sucede es “dejar de ser servil”. Es negarse a aceptar que el señorío del que sabe más acerca de algo (acerca del dominio del hombre sobre otros hombres, por ejemplo) se imponga sobre el que no sabe. De allí la feliz frase que expresa: “Sólo el conocimiento o el saber (la verdad) hará libre al hombre”.
Para poder ir completando, de manera progresiva, aunque muy lenta, todavía, tal como viene completándose, paso a paso, la prosecución de su evolución mental, de raíz poderosamente infinita, el hombre debería buscar el encuentro del propio (exclusivo) momento de libertad completa -sin existencia de pasiones, resentimientos, ni de indicios de ataduras limitantes de cualquier tipo-. También, debería ocuparse de encontrar la forma de utilizar las meditaciones y cavilaciones surgidas de ese momento, agregando a las mismas, mientras se encuentren desarrollándose, la entrega de atención con más el aporte de su memoria, para que ese saber o conocimiento de parte de la verdad buscada, persista. Con este simple y puntual paso habrá de conseguir, el hombre, superarse día a día en todo aquello concerniente a su esencia. El darse cuenta interrelacionado, dará paso a la comprensión para llegar desde allí al entendimiento con su prójimo. La libertad en el manejo del pensar, llamada mental (otorgada a la humanidad toda, por medio del libre albedrío intelectual) comenzará a crecer para dar sus frutos mejores, sin vicios, distorsiones o equivocaciones. Errores que llevan al hombre a la pérdida del objetivo válido. Objetivo que podríamos definir como: “Lo que su alma anhela, para el bien de su existencia, toda.
Lo que viene sucediendo no es poco. Es algo grande y constituye, si tomamos, todos, conciencia de ello, lo más importante dentro de lo mucho que nos sucede, ya que si bien podemos hoy decir que sabemos que el camino que transitamos nació con nuestra puesta en marcha autónoma sobre la superficie de la tierra, deberíamos agregar de manera indudable que fue recién en esta era, la llamada tecnológica, cuando, con la ayuda y el aporte de los estudiosos, se fueron dando las condiciones necesarias para poder continuar la prosecución de esa marcha, de manera conciente y sistemática. Y lo estamos haciendo o intentando, al menos, por medio del pensamiento dispuesto y puesto a funcionar “furiosamente”, en múltiples y variados aspectos y con un único fin: Para que, la aún existente servidumbre de una gran parte de la humanidad, merme. Y para que los derechos y obligaciones de cada cual, al brillar diáfanos, potentes e indudables, sean respetados, sin polémica.
Amanda Patarca


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