Teatro apocopado "El convite de Lola Mora" (Para representar en Museo)

27/06/2017 - Publicaciones

Obra de Teatro
PRIMER ACTO
Escena Primera
Imagen en video (Quema de papeles y cartas) El fuego debe verse desde
varias pantallas o como fuego verídico mientras, alguien aparece incrementándolo.
Una mujer debatiéndose entre la vida y la muerte acostada en una cama. Tras la ventana el inicio de un fuego y su evolución. Se trata de la quema de un baúl repleto de papeles, los que por efecto del calor vuelan inflamados.
Al vislumbrar el resplandor, Lola se incorpora gritando: -¡No lo hagan, por favor! ¡Que no lo hagan he dicho! (DESESPERADA) ¡Deténganse! No quemen nada. ¡No me hagan eso! (JADEANDO TRISTE Y ENTRECORTADAMENTE) Y yo aquí, impotente... Implorante. Llorando como jamás lo hice. ¡Lola Mora no ha muerto aún! Yo, Lola Mora, la que esculpiendo doblegué lo ingobernable me retuerzo de dolor sobre esta cama mientras me voy muriendo con las luces del día, como prometí. Sin haber imaginado... nunca... la concreción de este incendio, provocado sólo para borrar mi huella.

Escena Segunda, (inmediata a la anterior).
Imagen en video, silenciosa, en la cual se observa el último segundo en la vida de Lola Mora. Exactamente cuando una enfermera le cubre el rostro, con la manta de la cama en donde muere acostada.

Fin del video

Escena Tercera (Optativa)
La misma transcurre en una cantina urbana en donde los parroquianos presentes explican algo, luego de llegar Casiano y Rita, su mujer, subidos a un carro que se detiene a pocos metros del escaño.

Casiano: ¿Podemos quedarnos? Habrá alguna picadita preparada para la
patrona y para mí, esta tarde? ¿Qué pasa, Ramón que está tan
callado?
Ramón: Pasan muchas cosas aquí, Casiano, digo, en la ciudad, pero lo
que me molesta y mucho es eso que pasa y que nadie nota porque
la misma gente, que sabe lo que pasó, tiende a callar.
Casiano: Pero don Ramón, yo de eso me enteré, sin embargo. De eso y de
otras cosas…Es como si la verdad se transformara en ginebra y
uno pudiera tragarla de a poco hasta conocerla toda. Aunque
algunos como el Jacinto puedan bebérsela de un solo saque. Son
los intuitivos. Así los llaman, no me pregunte por qué
Ramón: Siguiendo con la Lola, la Mora; Esa, la Tucumana escultora… La
pasó muy mal antes de morir. Sabe, yo me acuerdo y no me
equivoco, vea, todavía quedaron pegados dos de los panfletos con
que inundaron Buenos Aires. Los tiraban por las calles como
papelitos y a las pancartas las sostenían atadas a los faroles o
adheridas con cola a la pared, como éstos, vea usted Rita.
Rita: Nadie podía dejar de leerlas y menos ella que le gustaba recorrer
las calles de a pie. Todo esto ha quedado como prueba de que no
mentís, Ramón. Y te lo digo porque a mí misma, me parece estar
escuchando, todavía, las voces de los canillitas y de la Lola
respondiéndoles
A continuación entra Lola y comienza a leer en voz alta las pancartas que se visualizan pegadas a la pared. Son cortas y contundentes.
***
Lola: ¡Pero qué barbaridad!
Al encenderse, nuevamente, lenta y demoradamente las luces, tal como si estuviéramos presenciando la entrada en escena de la aurora, la imagen de un canillita vocifera los textos que sobre Lola Mora publica, cada mañana, el diario “La Nación“. A esa voz se suma luego la de algunos lectores que contestan a las preguntas que Lola les hace. Puntualmente, el canillita nos indica la noticia del día. La ciudad despierta a medida que el sol remonta sobre las casas de un barrio cuya colorida silueta sirve, como telón de fondo a Lola Mora, quien en primer plano y con los brazos extendidos bien abiertos, en actitud exaltada, se ve obligada a expresarse defendiéndose de los dichos referidos a su persona, siguiendo el orden y de manera inmediata. Habrán de escucharse por boca de Lola frases contestatarias contundentemente expresadas por medio de las cuales se perciba el fluir de su lirismo. El mismo que, agazapado, pujará, desde el inicio de la obra, por salir desde su interior con total naturalidad.
A lo largo del desarrollo de estas cortas escenas, Lola Mora piensa su parlamento escuchando entusiasmada su tácita aprobación. Cada artículo del diario expresado por el canillita, como adelanto, para conseguir su anhelada venta o proveniente de las voces de los mismos lectores de los diarios vendidos y su respuesta, corresponden a una pequeña escena delimitada sólo por el encendido y apagado sucesivo de las luces de escena en diferentes tonos. Como las frases de Lola resultan un tanto extensas, las mismas, siguiendo los movimientos de Lola habrán de surgir desde off, ya que se trata de pensamientos contestatarios concernientes al momento y a las circunstancias planteadas en cada instante.

Canillita:- ¡Una famosa escultora regresa al país! ¡Vuelve la Lola Mora! ¡La Lola Mora vuelve!
Voz de Lola: Y ¿qué dice el diario?
Lector:- La hermosa y talentosa joven Lola Mora, regresa hoy al país
trayendo con ella una fuente de mármol puro, construida con alegorías mitológicas. Los críticos esperan su arribo con ansiedad, dado que la obra, creación de la artista, habrá de ser emplazada en algún parque o paseo importante de la ciudad de
Buenos Aires.
Lola Mora:- Quisiera ser poderosa, dueña abarcadora de la perspectiva
necesaria, como para adelantarme a los hechos y entrever,
aunque más no sea veladamente, mi futuro. Tal vez pueda
hacerlo si tomando como base lo ya sucedido, consiguiera
observar el extenso panorama existente ante mis ojos. Hoy no
comprendo mucho, pero pronto entraré en el tiempo del
entendimiento consciente y categórico, ya verán.
Canillita:- ¡Lola Mora regala unas fuente! ¡Se la regala al gobierno! ¡Para
una plaza, se la regala!
Voz de Lola:- Y el diario ¿qué dice?
Lector: La Fuente de las Nereidas, que obtuvo el primer premio en el
concurso organizado por los Zares de Rusia, ha sido ofrecida por
su autora en donación a las autoridades para ser emplazada
frente a la casa de gobierno.
Lola Mora:- Hoy sólo sé que estoy aquí y que, de alguna manera, soy un
poco, o pretendo serlo -porque me lo están ofreciendo- la
generadora de la imagen de mi país, al que me hicieron querer
con toda el alma en mi casa, en el colegio de la Virgen Niña y en
la Academia.

(Mientras caen desde arriba, exactamente desde el techo del teatro, papelitos fluorescentes con el texto que a continuación se transcribe, la voz de otro lector explica desde su lugar lo que, dice el diario sobre los sucesos ocurridos desde las últimas horas de la noche y primeras de la mañana, en las calles de algunos barrios y del centro de la ciudad de Buenos Aires.
Lector: Mientras la lluvia de anoche, que finalizó por suerte, caía
torrencialmente, fueron cientos
los volantes con los que se inundó la zona céntrica y algunos
barrios de la ciudad de Buenos Aires. Estos papeles que con el
título AVISO A LA COMUNIDAD aparecieron esta mañana sobre
sus calles mojadas, dicen textualmente:.
AVISO A LA COMUNIDAD
ATENCION VECINOS: Las autoridades de nuestro gobierno
central han elegido el paseo más concurrido de esta ciudad
para concretar el emplazamiento del paradigma de la obscenidad:
la Fuente de Lola Mora, denominada, también, de Las Nereidas.
En consecuencia, habiéndose establecido, en reunión pública, que
ninguno de los niños, adolescentes y honestas mujeres
que la habitan y/o recorren, merecen tamaño desprecio,
PETICIONAMOS: Se revise la norma que ha dado lugar a tan
absurda medida, para dar fin, lo antes posible, a este singular
problema planteado. Mientras tanto, haremos oír nuestras quejas,
diariamente, si así hiciera falta, para revertir esta situación insostenible.
Firmado: La gente de bien de nuestra querida ciudad de
Buenos Aires; ciudadanos considerados todos prudentes y criteriosos.

Voz de Lola:- Y ¿Qué dice el diario?
Lector: La Fuente de las Nereidas, o de Venus, rebautizada desde su
arribo como la Fuente de Lola Mora, será emplazada en algún
lugar distante de la ciudad, seguramente en el Paseo de Julio,
al resguardo de las miradas de jóvenes y niños. Ello así, atento
a que las señoras representativas de la mayoría, consideran
que dicha obra, aunque bella, constituye un audaz ultraje al
pudor público.
Canillita:- ¡La fuente de la Mora trajo lío! (Mientras Lola concreta el futuro
parlamento, el canillita, alejándose, interfiere con el suyo al
que le da forma de letanía) ¡Polémica en las calles! ¡Las
madres se oponen! ¡No quieren que la fuente se ubique en la
ciudad!
Lola Mora:- La fuente no representa a la República, ya lo sé. Pero bien
ubicada podría embellecerla; constituir un bello motivo de
recordación. ¿Qué es entonces la Patria? ¿Es el bagaje de
sagrado respeto que acompaña a la idea que sirvió para
fundarla? ¿Y que te obliga a inaugurarla a cada instante, aún
cuando ella ni siquiera se atreve a empujarte con el aliento?
¿Atrapándote así, delicadamente, para dominarte y no dejarte
jamás? Me lo pregunto y vuelvo a preguntármelo. Mi insistencia
se colma de respuestas, muy especialmente cuando estoy en
Roma, porque allí la extraño. La Patria es esta nación mía, tan
recién nacida e inocente, que ni próceres tiene todavía, me
digo. ¡Pero tiene hombres, eso sí! Hombres y mujeres que la
están forjando en la vida política, en la historia y en el arte, que
es lo que a mí me importa. Hombres como José Hernández,
como Echeverría o Rafael Obligado, el de la sombra doliente
del Paraná de San Pedro, por ejemplo. Hombres que
manejaron el lenguaje nuestro como para demostrarles a ellos,
los que dejando lugares se apartaron de aquí, que América
también tiene lo suyo, que es propio, bien distinto y bien
diferenciado, pero ¿cómo hacer para detener el
manifiesto de separación total que se viene? ¡Que se viene no
más... y que se lo ve venir! Y el diario ¿Qué dice el diario?
Lector:- Que las piezas que componen la fuente cuestionada y que
constituyen, según algunos críticos, un canto a la belleza de la
mujer en medidas colosales, se encuentran depositadas en la
galería cerrada del antiguo Consejo Deliberante, esperando aún la determinación de su emplazamiento.
Lola Mora:- Me acuesto ideando alegorías; descanso o duermo al acecho, como implorando el encuentro con rústicas texturas. Me descubro suavizando asperezas, soñando despierta monumentos colosales de mármol, de hierro, o de madera hecha piedra por los años...
Un arco de la patria bien criollo, para que no podamos olvidarla nunca. Un arco en cada intersección de carretera, hecho por mí, la Lola tucumana, para que siempre allí ¡Viva la Patria! ¿...Y por qué no? (Trágica) Que ella, la Argentina, sea una Patria Diosa, con pechos prominentes, rebosantes de leche tan sabrosa como espesa y tan blanca como para atraer a los millones de seres distantes y distintos que pretendan producir aquí lo que a sus
tierras yermas de allá les vienen reclamando, sin conseguir con su trabajo nada.
Canillita:- ¡Ultimo momento! ¡El lío por la fuente se acabó! ¡Ya se
encuentran en el puerto las mujeres desnudas!
Voz de Lola:-Y, entonces?
Lector: La moral pública impidió que los desnudos escalofriantes que componen la Fuente de las Nereidas, llamada también de Lola Mora o de Venus, se instalaran en el Paseo de Julio. En forma rápida, silenciosa y terminante, fue emplazada frente a las escalinatas de la Costanera Sur. Prudente medida, si consideramos que a dicho paseo no concurre nadie, debido a la distancia que lo separa del centro de la ciudad.
Voz de Lola: Los últimos serán los primeros. Dios lo quiera. ¿Quién podría
negarle al ser humano esperanzado, la posibilidad que genera un
simple anhelo? Un bello entorno habrá de circundarla algún día.
Mientras tanto, el Dock Sud, su turbio continente, interpretando el
rol de postergado, cumpliendo su enigmática consigna, deberá
esperar.
Se apagan las luces.
Escena Cuarta
Telón de fondo: Costanera Sur, balaustrada río, fuente, viento, luces y sombras.) (Se observa desde la platea la imagen de Lola Mora esfumada, sombreada y confundida en una niebla espesa, apoyada de espaldas, en la balaustrada que da al río. (Podría escenificarse a Lola sobre un andamio) Todo lo que ella dice proviene del off.

Una voz:- ¿La ven? Cada tanto vuelve. Recorre los lugares en donde desplegó su vida. Medita. Saca nuevas conclusiones sobre todo eso del destino...del libre albedrío, de los sinos, de los azares, los que a veces venturosos florecen demasiado rápido para luego desaparecer dispersos como la llovizna... así dice. De los azahares, sinónimos de suertes, también...
Lola Mora:- Porque a veces regreso, con cualquier edad, y en mis cortas estancias me escondo entre los muelles sin que nadie me vea; porque esta Costanera, la Sud, mi encubridora, pone brumas de invierno hasta en la primavera para cerrarle el paso a la misma luz mala, con la cual mi figura, al surgir contorneada, facilita su análisis a los observadores que, de alguna manera, pretenden descifrarla... Me parece verlos.

Por de pronto, quiero que aquellos que jamás hayan sabido algo de mí, por no haber escuchado ni siquiera el sonido de mi nombre, sepan que, efectivamente, nací. Que no soy un personaje de ficción como tantos de los que andan por ahí
induciendo a error a los desprevenidos, no. Yo fui de carne y hueso, genoma humano en medio, como dicen ahora, al que me sometí sin miramientos ni reserva alguna. Especialmente cuando me tocó elegir, antes de haber tenido que desechar de mí a esa otra Lola, la que de haber crecido ella, no yo, podría haber llegado a ser científica o filósofa tal vez.

Por todas esas razones yo, Lola Mora, esa mujer que fui, siendo de carne y que de alguna manera hoy soy, siendo una sombra, o un espectro o simplemente una luz, me aboqué a la construcción de la gran obra, la llamada de arte arquitectónica. Esa (la señala), la que, según Paul Valéry, canta con viva voz cuando siente internamente que llegó a serlo, y la que sólo se logra, me consta, concretando los hechos con su culminación. (pausa) y a la que se le exige -Valéry lo reafirma- belleza consumada y solidez
Se apagan las luces
Escena Quinta
Ella entra en su atelier y la ráfaga de viento que su energía levanta formando un círculo a su alrededor, la envuelve en la seda armada de su falda negra con aplicaciones de cintas entrecruzadas de raso crudo. En el mismo instante, la puerta, movida también por el ímpetu que su presencia genera, se cierra sola. La magia se ha instalado como siempre allí. Sus pantorrillas, muy bien formadas, se dejan ver entre el revuelo de encaje y tela, no sólo en la realidad íntima y solitaria de ese lugar, naturalmente suyo, sino, además, veladamente reflejadas en el amplio espejo (o cristal) biselado de la pared del fondo. Testigo incuestionable de momentos gloriosos y contenedor -dentro de su perfección insobornable- de sus vibrantes gozos, naturalmente adjudicados o conseguidos a fuerza de dolor. Atrapados con vida como lo están también, bajo su transparencia, sus recuerdos. Sin posibilidades, al parecer, de escape). (Lola, luego de recorrer impresionada ese extraño espacio considerado propio todavía, al ritmo de una música nostálgica regida sólo por los latidos del corazón de un viejo reloj, al que distingue acariciándolo con sus manos, arremangándose con ímpetu el espléndido vestido que luce, sube la escalera ubicada al lado de un gran caballo esculpido en rústico y comienza a trabajarlo primorosamente).

Lola Mora:- La magia se ha instalado aquí como siempre cuando vengo con proyectos... Y hoy los traigo!
¿Cómo puede ser posible que nazca algo sin que nada muera?,
Voz:- Observá un poco tu rostro, hoy, Lola Mora, en el cristal del fondo. Si necesitás muertos él puede cooperar. Prestá atención, Lola. ¿Escuchás? Un ruido persistente parece venir de su interior. Y... si viene del interior no pueden ser otros que los inquietos seres que el resguarda de la muerte segura. Eso sucede desde que te marchaste sin darles explicaciones. Si necesitas muertos él puede cooperar
Lola Mora:- ¡Mis recuerdos! Son mis hermosos recuerdos! ¡Mis momentos de felicidad, mejor dicho! ¿Y me estas diciendo que él puede cooperar? ¿Con muertos, acaso puede cooperar este gran espejo? ¿Cómo hará para colaborar conmigo un cristal transparente? Yo sé que fue testigo de momentos gloriosos y sé también que dentro de su perfección insobornable guarda todavía mis vibrantes gozos, cuajados de dolor muchos de ellos. Pero sé, porque lo intuyo y siento miedo a la vez, que aún mantenidos con vida pero atrapados bajo su transparencia no quieren permanecer más. Quieren salir de allí para volver a mí y así desintegrarse cuando llegue el momento, atomizándose sobre el mundo, en libertad, manteniendo por tan sólo un rato el poco aliento tibio que les queda, sabiendo como saben que yo ya no puedo transmitirles ni una bocanada de aire más.
Voz:- ¡Cuidado Lola! ¡Esto es una explosión! ¡El ruido es infernal,
quieren salir. ¡Sí! (Estruendo) ¡Una brutal explosión!

(El espejo de rompe en mil pedazos. El bramido del ser múltiple, conformado por todos esos extraños seres memoriosos se confunde con la grotesca algarabía, emuladora de un gran coro griego, de los que componen el grupo)

Lola Mora:- ¡Oh! ¡Mis gozos y todos mis recuerdos, conservados hasta tras el cristal de mi conciencia, hoy ya están libres! (Corre hacia el balcón desde donde ella y el público los verán moverse, actuar, cantar y hablar en coro hasta desaparecer)
Voz:- Una cosa debes saber, hoy, Lola Mora: Que todos estos seres morirán muy pronto si nadie los recoge. ¡Ah! Y otra cosa más: Que por conocer las razones de sus causas, no se atreverán a mentir.
Lola Mora:- (Observándolos desde lo alto. El escenario entero ahora es esta
calle, donde los que ingresaron en ella, simulando un coro
griego, deambulan expresándose) -No pretenden ni aceptan ni desean mentir. Ya lo sé. Podrían pero saben que con su fuerte instinto representan al “SE.” Y que la misma esencia de ese SE COTIDIANO podría resentirse si ellos aceptaran, ahora, faltar a la verdad. Es que SE, en ese caso, dejaría de ser lo que por siempre fue: el genuino pensar de la majada, en rebaño social puro; la sociedad en pleno irrumpiendo en masa con su mayoritaria manera de expresar las cosas y los hechos.
Voz :- Hoy todos dicen: SE EXALTA; mañana dirán todos SE CONDENA.

(Desde cada uno de sus respectivos lugares Lola y el público, observan actuar al grupo, sobre la vereda y el empedrado, cumpliendo respetuosos el rol que cada uno va tomando).

Lola Mora:- (Dirigiéndose a la voz) Desde donde estás ubicado ¿podés observarlos tan claramente como yo lo estoy haciendo? (Silencio corto) Bueno, si no los ves te cuento: Desde aquí se los ve bailando audazmente La Morocha, cantando desafiantes su letra femenina como si se tratara de la primera vez. ¿Qué? Ya no puedo escucharte. Esa música no me deja. De todos modos no quiero distraerme. Es que... de golpe me estoy enterando... recién aquí me entero, de lo que significa el oscuro misterio que duerme en medio de ese fuego brutal y quejumbroso, llamado tango. (Pausa) Desde aquí percibo y participo del vibrar acompasado de las piernas de todos. Suavemente abandonadas en un lascivo rozar de carnes, pieles y ropas. Todos se muestran confundidos igual que yo y abrazados como serpientes.

(El coro grita, ríe, canta y baila y Lola retribuye desde lo alto con expresiones de alegría, ademanes y sonrisas amplias)

Coro feliz:- (Gritos de felicidad) -¡Lola, Lola, sos nuestra y tucumana! ¡El tango con su brillo, ya cerca del centenario, dejó el percal atrás! (Y explican) ¡La Argentina es de oro! ¡El trigo lo es también! (Responden otros). ¡Y el oro que es de Roca, mantiene su poder para que Lola Mora simbolice a su patria con formas de mujer! ¡Y de madre...! (grita otra mujer) ¡Y de madre soltera y hasta libre y puta (grita otra). Si lo quiere ser! (gritan todos a coro).
Lola Mora:- ¡Si lo quiere y puede... por Dios! (Repite Lola Mora asomada al balcón del primer piso de aquel atelier)

(Siguen, los integrantes del coro, alegres gritando y cantando)
Coro feliz:- ¡Y la pampa es de oro! ¡Y la Lola también! ¡Vengan todos a ver! ¡Observen!... ¡Hombres del mundo entero, esta es la buena nueva! ¡Nuestro suelo recibe a quien busque trabajo! Aprovechen ahora, que es gratis el buscar. ¡Quédense, aquí lo encontrarán!

(Las imágenes bulliciosas lentamente van perdiéndose en la
lejanía, las voces y los gritos también).

Lola Mora:- (Manteniéndose peligrosamente asomada mientras observa cómo el coro se aleja) (Tristemente) A ver, a ver... nadie piensa en detenerse. (Mirando hacia lo lejos) Tampoco en lo de Jansen.
Al llegar al Pigalle rociarán con champagne techos y alfombras, seguramente. Conozco, tanto como ellos, el liviano placer que ese fino rocío les depara. ¡Dios quiera! (implorante) ¡Que todo siga igual, por mucho tiempo! ¡Por mucho, mucho tiempo! (Silencio)
Se apagan las luces (para reacondicionar, rápidamente, el escenario).

Escena sexta

LOLA MORA CURSA SUS INVITACIONES (Al encenderse nuevamente las luces, in crescendo comienza a verse el atelier que Lola usó
dentro de las instalaciones del Congreso. Vitraux, escalera suntuosa, cortinados, obras escultóricas. Todo se muestra veladamente. En “avant
scene”: una gran mesa como elemento principal. Sobre la mesa un mantel
blanco con sus dobleces de planchado bien marcado (al estilo del cuadro de la última cena de Leonardo Da Vinci. Sobre el mantel dos bols de
cristal transparentes mostrando su confuso contenido: sangre y
jugo de mora. Hojas de papel blanco y una pluma gigante de pavo real. Arriba, en el cielo, observada a través de un ventanal abierto: la luna, mantenida en su altísima posición por la mano de Lola de la cual sólo se verán los dedos. Todo eso amplificado, ubicado en un cielo nocturno. Mientras Lola escribe, de ser posible, debe escucharse el ruido del correr de la pluma.

Lola Mora:- (Explica, levantando la vista y la pluma del papel y mirando fijamente al público).
En el convite de Lola Mora, el que estoy poniendo en marcha, podrá tomar parte, en primer lugar, quién, poseyendo o no derechos, haya participado activa o pasivamente en los rituales de levitación. Creo, al fin y al cabo, que podrían tomar parte, sin embargo, todos aquellos que hoy se consideren dignos de ser mi comensal... “LOLA MORA invita a usted a...”
Se apagan las luces.

(Se encienden todas las luces para que Lola Mora, desde el
mismo lugar y con la misma escenografía, prosiga su
explicación)

Lola Mora:- Aquí fui feliz. Muy feliz. ¿Cómo no haber sido feliz aquí, en este lugar tan provisto? Todo huele a hierba en primavera, aquí; a patio con cielo de glicinas y césped con ramitos de violetas de amor.
Voz:- Y... ¿Por qué el convite, Lola?
Lola:- (Desde esta instancia, el texto de cada invitación, debido a la complejidad de los motivos que éstas encierran bien podrían provenir desde off, a la manera de pensamientos) Esa sí que es una buena pregunta. Tal vez porque hoy pienso que repasando y compartiendo mi vida -que es apenas un finísimo hilo de oro que pende del cielo- encontraré, sin duda, la fuerza necesaria como para insuflarla en cualquier descreído y además para demostrarles a todos ellos, mis convidados y a la posteridad también ¿por qué no? que la Providencia no puede hacer milagros antes de tiempo.
Hoy necesito, está visto, la presencia concreta de todos aquellos que han permanecido dentro de mi corazón, entrañablemente... como María de Mágdala, por ejemplo. La del deseo frutal. La que en el oasis de su propio cuerpo mitigaba; la que en llanto incontrolable quedó en la historia suplicando por el perdón de su único pecado. Ese, el de haber amado a Jesús. Nuestro Jesús… sin… (mueve la cabeza y no dice nada) Hoy su recuerdo me aproxima a ella en su infinita etapa de gestación porque fue la breve duración de su semblante justamente, la que me aleccionó sobre el destino de las cosas y la necesidad de la resignación.
Hecha polvo quedó un día entre mis manos. Mi cuerpo entero vibró con su derrumbe, cuando la fuerza de mi cincel buscaba en sus relieves los detalles de la perfección... (Silencio corto)
¡Ay, Baldomero! ¿Dónde te habrás metido? No sé si recordarte con todas las virtudes que mi amor depositó sobre tu corazón, por demás acelerado cuando me abrazabas, o dejarte
morir junto al camino aquel, el que, por llevarte tan lejos, yo tanto
le temía.
Es verdad. La espera es molesta. Insoportable y el amor es un juego muy cruel ¡Si lo sabré yo!... Todo iba muy bien, sin embargo, hasta que un día te fuiste y no volviste más. ¿Por dónde anduvo, todos estos años, tu mitad indivisa arrastrando la mía? (Silencio corto)
¡Luis Hernández! (Explicando) Cuando lo conocí su olor de macho en celo inquietaba mis días, desvelándome mis noches. Su mirada implorante, desde la profundidad de sus ojos tristes, me dictaba la ley, pero la ley del deseo no es como las otras, me decía a mi misma. Las otras no rompían barreras.
(Dirigiéndose, ahora, directamente a él, como si estuviera presente; a la manera de ensoñación) Quiero que me contestes hasta enfrentarme, como te gustaba hacerlo cuando estábamos juntos. Veinte años tenías cuando te conocí. Creo que no fuiste del todo bueno conmigo pero... no lo puedo negar... ¡Eras mi gloria!
(Luego de un silencio separador de pensamientos y de ideas) ¡Gabriele D´Annunzio! ¿Vendrás? ¡Qué maravilla! Aún recuerdo, Gabriele, nuestro primer tiempo, de encuentros, como si no hubieran pasado los años, nuestras apacibles charlas demoradas en aquel cafecito de la Vía Appia, mientras el ángel de cobre verde del Palazzo, a la intemperie, tomado de la cúpula, nos observaba, muy sonriente. Tratando de captar nuestra intención, tal vez. Me hablabas entonces del exilio de tu alma transgresora ¡bendito sea! De la exaltación de tus sentidos hasta hacerlos desembocar en el delirio, Te espero. Te espero ansiosa.
(Lola Mora retoma la pluma y jugando un poco con ella mientras observa al público, va hilando en voz alta su pensamiento).
-Luego de tanto tiempo, me he propuesto convocar hoy, al Espíritu Santo. Sí también a él lo invito. Fue el que siempre sobrevoló mi casa, sólo la mía. ¿Y quién otro podría haber sido? Intuyo que lo hizo para que yo me atreviera sin nunca sentir miedo. Para que esos bloques pesados de mármoles filosos que traía desde Roma, cargados con la angustia y el dolor del “no ser”, hablaran por mi boca como lo hacen ahora y seguirán haciéndolo. Es que…a mí, sólo a mí me han confiado a los próceres y yo en ese entonces les respondí: ¡sí!. Tal vez porque, enardecida, tenía siempre ganas de frotar mis manos sobre los mármoles, hasta hacerlas sangrar.
Espíritu Santo, ¿Vendrás, entonces, o te excusarás diciendo: yo no fui?
(Pensativa)(Luego de un silencio relativo, Lola comienza la
formulación de la última invitación que habrá de cursar)
¡Ay, Julio querido! Hoy yo te convoco con el alma y más,
deseando que fueras el primero en llegar. Y aunque no me digas
una sola palabra, tu presencia me bastará para confirmar,
mirándote a los ojos, que tu amor fue bueno y que el poder que
me ofreciste y yo acepté era tan bueno como ese amor. Hoy me
he levantado quejumbrosa. Y... no es para menos. El torrente de
sangre púrpura que en plena oscuridad transitaba por mi cuerpo
presionándolo, se ha calmado.
Ya no empuja. Ya no me obliga a jugarme, dejándome juzgar a
cada instante, ni a exponerme para salir airosa.
Cuando mi destino me impuso este camino perdí la calma. Mis
actitudes se volvieron solemnes porque mis fines se habían
tornado sagrados.
¡Cuánto hay que esperar para que el cuerpo no pida más! ¡Cuánto tiempo! Yo jamás pedía por haber sido ambiciosa. No, yo pedía, simplemente, para él, para mi cuerpo, porque no encontraba -en nada ni en nadie- la manera de saciarlo. Te lo juro, Julio. Primero fue el amor de Baldomero, el del intenso latido, el que se negó a quererme. Él se fue un día de mi lado y yo no logré comprender nunca por qué lo que todos llamaban virtud, me convirtió en perdedora, sólo porque no quise ser suya cuando me lo propuso Hace mucho que no duermo bien. Los sonidos que me llegan del pasado me lo impiden. Es entonces cuando entre mis memoriosas sábanas, noche a noche te me apareces tal cual eras: fuerte, viril, sin estridencias. Dándote a mí, vigoroso y con la carga de enérgica ternura que mi cuerpo necesitaba y vos dejabas dentro de mí, para que yo siguiera viviendo, libre, solitaria, silenciosa y colmada de amor, el que me duraba siempre, hasta la próxima vez.

SEGUNDO ACTO
Escena Primera

El escenario todo es ahora una instalación en donde, simbólicamente, están representados todos los objetos que fueron utilizándose en escenas anteriores. El barrio y su silueta con sus calles y ventanas podrán verse a través de uno de los ventanales de su lujoso atelier. Es de noche y la luna se verá aún más grande que en la escena anterior. Esculturas humanas, torsos, partes de caballos, escaleras, andamios y en el centro, cercana a la pared del fondo, sobre un desnivel alto al que deberá accederse por una grada circular, a la manera de otro escenario sobre el escenario, la mesa lujosamente servida, alrededor de la cual se encuentran ubicados ya, los seis invitados que concurrieron, instalándose en sus respectivos sitios, antes de encenderse las luces con iluminación brillante. Música de fondo. Vestimenta diversa, acorde con la realidad de cada uno. La sensación de lejanía y de retorno desde la eternidad de todos los espectros allí presentes deberá potenciarse con coincidencia en el tono respecto del color utilizado: violáceo-pastel, tal vez. Sobre el fondo: gran puerta ventana con vista a un amplio jardín que habrá de servir a los invitados como abertura de entrada y salida, Habrá una segunda puerta sobre uno de los costados. La circulación así habrá de mantenerse muy cómoda, especialmente para conseguir movimientos respecto de los personajes mientras, éstos, se encuentren apartados del diálogo.
Lola apareciendo desde el foro central, con una amplia sonrisa los saluda feliz. Todos se levantan al instante como para comenzar a abrazarla pero se detienen en el gesto cuando Lola comienza a hablar, acercándoseles amistosa

Lola:- (Dando una vuelta a la mesa, sin detenerse en ninguno ni
expresar admiración) ¡Creo que voy a enloquecer!. El deseo, la
música y ¡esta alma mía que no se sosiega! Por eso los hice venir. Ella me demuestra con sus exigencias que es inmortal y yo quiero creerle. ¡Cómo no creerle! Todos han venido, ya veo. Bueno... todos los que, de alguna manera, me interesaban más. Los que fueron convocados por sus nombres. ¿Y ninguno más, verdad? No, por lo visto no. De todos modos, lo que importa de verdad es esto: que aquí estemos. (Los observa uno a uno sonriente) Pero... tal vez por la luz... o por los años que han pasado... no sé, ¿Cómo es posible que me ocurra esto? Me está resultando imposible recordar cierto semblante. Quizá no lo recuerde porque... no lo he visto nunca.. Ese, ese exactamente. A ver... a ver... ¡Pero no! yo al demonio no lo convoqué ¿Por qué está aquí, entonces?
Demonio:- Por favor, déjenme explicar. Yo he venido...
Lola:- Tiempo al tiempo, ya tendrás tu posibilidad de hablar para que nos
enteremos. (Le habla a él pero mirando a todos como
solicitándoles aprobación) Alguna razón habrás tenido, supongo.
Sin embargo y a pesar de tu presencia, inquietante, por cierto, me
siento muy feliz y les digo: porque los quise en mi convite los fui
invitando a todos y de distinta manera. Con tinta roja o sangre.
Con cada uno utilice la fórmula propicia. Sin embargo, en este
momento, francamente, no sé ni quiero saber a quién de los
presentes llegue a invitar con sangre y, si quisieran saber más,
tampoco me explico por qué.
Varios:- ¿Con sangre!
Uno:- (Mostrándole la tarjeta de invitación) Creo que a mí. Fijate bien.
¿Esto es rojo de sangre?
Otro:- A mí también, porque si no es tinta roja a mí me firmaste con
sangre.
Otro:- ¡Qué espanto!, con sangre dijo...
Lola:- (Todos pretenden acercarse a Lola para saludarla y abrazarla.
Remolino desordenado como consecuencia de la necesidad
general de darse a conocer para ser coincidentemente reconocido
por Lola la que desesperada por sosegarlos trata en vano de dar
inicio a la fiesta, ofreciendo el lunch de entrada para que cada cual
se acomode con su plato dónde guste y proponiendo
coincidentemente un brindis de iniciación. Cada uno se acomoda
tomando su lugar, formándose
inmediatamente pequeños grupos renovables, pendientes sólo de
las apetencias e intenciones. Cerca del Demonio, prestándole él
atención esmerada se encuentra Magdalena)
Demonio:- (Acercándosele) Lola: Quiero decirte antes de que todo esto empiece que yo tomé una invitación, que no era la mía, (se la muestra desde lejos, sin revelarle el nombre del verdadero destinatario) Está escrita con tu sangre, pero, en ella, no consignaste mi nombre sino el de otro, que, seguramente, detectarás muy pronto porque habrá de ser el único de los invitados especiales, te lo anticipo, que no vendrá. ¿Por qué me mandaste a llamar por “interpósita persona”. ¿Por qué de esa manera? ¿Por osadía, acaso? o por atrevimiento? Pénsalo, si querés. Tiempo es lo que hoy nos sobra, ¿verdad? Yo, por mi parte, pese a ser quien soy, y conocer muy bien tus invitados, tampoco quiero sacarle el turno a nadie. (Mientras este personaje habla, un invitado joven apartándose, lentamente, comienza a observar con detenimiento las esculturas, acariciando ostensiblemente sus texturas. Especialmente las que corresponden a pliegues de vestimentas. Otro de los presente, partícipes del convite, en el ínterin se acerca a Lola para preguntarle algo al oído).
Lola:- Si me permitís, de eso que nos concierne hablaremos luego. De todos modos te contestaré sin detenerme en eso de “interpósita persona”, pero si creés honestamente que podés sentirte honrado de estar aquí, te doy la bienvenida sin ponerte en el aprieto de explicarme nada respecto a cómo hiciste para que llegara a vos esa tarjeta. Bueno, los invité así y punto. Y no fue por atrevimiento, no. El atrevimiento es algo tan interno y ordinario que jamás debería quedar afuera. Eso pienso.
Demonio:- ¿Y por qué?, ¿a ver?
Lola:- Porque al carecer del grado de grandeza como para trascender,
es el cuerpo el que se muestra siempre cuando él actúa y al hacerlo con exageración, es cuando, el atrevido, justamente, fastidia. Más, da lástima.
Demonio:- Bien. Y de la osadía ¿qué me vas a decir?
Lola:- La osadía, en cambio es otra cosa. Y es otra cosa ¿sabés por qué? Porque al participar de las cualidades que detentan las virtudes del alma, el cuerpo del que con osadía se comporta, para no ser visto se volatiliza, que es mucho más que desaparecer. Absorbiendo, además, toda la luz que encuentra en su camino, para sublimarse, acaso.
Demonio:- Entonces debo informarte, Lola, que la mayoría de los que estamos hoy aquí no sólo fuimos sino que, además, seguimos siendo osados.
Lola:- (Brusca, desprendiéndose de todos los que queriendo presentarse
desean preguntar). Creo que ha llegado el momento de explicar y
recibir por mi parte explicaciones. Insisto ¡Qué hermosa locura,
ésta. La que entre todos estamos concretando!. (Solemne) (Luego
de un corto silencio) Si el tiempo ha pasado para todos, como
presiento que ha pasado, ustedes son espectros y es posible que
yo también lo sea. Espectros, luces o increíble alucinación. No sé
ni me importa ahora. Sólo sé que estamos juntos, como nunca lo
estuvimos antes.
Uno:- Sabemos que sos Lola Mora y que con nosotros habrás de ser
sincera.
Otro:- Sabemos para qué hemos sido convocados. Nuestras invitaciones
son todas iguales, lo acabo de constatar.
Otro:- Sabemos quienes somos. Nos hemos presentado mutuamente y
cada uno sabe a qué ha venido.
Otro:- Explicaciones. Explicaciones que quedaron truncadas un día.
Estamos para eso, para dártelas.
Otro:- Y para recibirlas, también.
Lola:- Alguien, sin embargo, hace sólo un instante, entre gritos sofocados,
mientras la música se prodigaba como en las fuentes de Roma,
me preguntó acerca de ese hombre, joven aún y hermoso
todavía. Quería saber quién era el que sin sacar sus ojos de las
obras las estudia, prestándole atención a cada detalle. Como
analizando cada pliegue de tela de las túnicas. (Observándolo a
la distancia)
Demonio:- ¿Y quién es ese hombre?
Lola:- A ver... A ver... ¡Pero si es Luis! El que se alejó un día, para
encontrarse a sí mismo. Así me dijo cuando se fue con mi modelo
viva.. Como si mi cercanía hubiera sido la causa de lo que le
sucedió. ¿Habrá logrado su objetivo?
(Dirigiéndose a todos los que en ese momento le estaban
prestando atención) (Triste)(nostálgica) Sin embargo, y pese a
todo, el sonido de su nombre, sin yo nunca proponérmelo, con el
correr del tiempo fue apagándose hasta no escucharlo más. Ni en
boca de otros, siquiera.

(Baldomero, masticando displicente el bocado que se había
llevado a la boca y con un vaso servido en la otra mano, desde
un ángulo de la sala se acerca a Lola con rústica elegancia. Al
reconocerlo inmediatamente, ésta cambia de actitud.)

Lola:- (Sonriente) ¡Baldomero! ¡Qué alegría! ¡Cuantos años sin verte!
¿Qué fue lo que te pasó? ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué te alejaste
de mi lado?
Baldomero:- Y... ya ves. Por fin pudimos encontrarnos. Me llamaste y
aquí estoy. Cosa e´mandinga, ¿no? O debemos llamarlo
milagro?
Lola:- Esto tiene que ver con el alma. Con el alma que no se calma con
nada y con la osadía, tal vez.
Baldomero:- ¿Osadía dijiste? Y ¿porqué no atrevimiento? A mi, por ejemplo,
jamás se me hubiera ocurrido eso de la invitación. Tal vez porque no sé nada de arte, ni de lenguaje ya que jamás acerté con la palabra justa porque... ántes, fíjate, osadía y atrevimiento querían decir lo mismo y ahora resulta que no. Pero yo seguiré desconociendo la manera de diferenciarlas. Yo, querida Lola, era lo que se dice un ignorante. Pero en aquel tiempo sabía algo, algo muy pesado si querés. (pausa) En ese entonces yo... yo sentía que no era realmente un caballo, como vos pensabas, con el cual dar varias vueltas al día, alrededor de la plaza, llena de gente sólo dispuesta a detectar, en mi mirada, los indicios de mi mala intención. No, Lola, y ya te lo dije. Yo no era un caballo.
Lola:- Qué estás diciendo? ¿Estás enojado conmigo? ¿Qué eras, entonces? ¿A ver?
Baldomero:- Era... un brutal padrillo sin hembra. Y aunque al poco tiempo la tuve, ella no pudo suplantarte.
Lola:- ¿Con las que proseguiste tu camino, ¿no fue así?.
Baldomero:- Yo, Lola, o Lolita, como te llamabas para mí, quiero que sepas, porque no creo que hayas podido darte cuenta, nunca, que yo siempre lograba lo que me proponía con sólo la ayuda de mi propia fuerza y mi sonrisa fácil. Tan fácil, como pretendía que lo hubieras sido vos conmigo, sin haber podido conseguir eso jamás.
Lola:- Si, me di cuenta, claro que me di cuenta, sí, pero quiero informarte que la jugosa y apetecible mujer de dieciocho años que era yo cuando te fuiste, se ahogó, por mucho tiempo, en sus propios sollozos. Y custodiada de cerca y catequizada en las bondades de ser mujer de un solo hombre no era tan fácil para mí dejarme seducir por tu prestancia.
Baldomero:- Sin embargo... Tan simples como fáciles resultaban para mí todas
las cosas que yo hice a propósito y nada más que para que aflojaras.
Lola: - Cosas como... qué
Baldomero:- Cosas. Como... cosas. Hasta dormir en la cama de Sarita para
que te enteraras. La más blanda de las camas que te hayas
podido imaginar. Tendida siempre por sus sirvientas con
sábanas de hilo y raso. ¿Sabés de quién estoy hablando ¿no? (Pausa) ¿La conociste? (Lola hace una mueca moviendo un solo lado del labio cerrado sin emitir palabra) ¿Y a ese extraño hombre del que no quería hablar pero que un día, para mi sorpresa, terminó presentándomelo como su padre?
Lola: - (Hablando rápido haciéndole entender, con esa actitud, que
conocía, en realidad, toda esa historia.) ¿Ese, del que se decía que se pasaba la vida redactando leyes turbias y decretos complicados, como para que nadie, aunque se lo propusiese, pudiera ponerlos en práctica?
Baldomero:- Ese, el mismo. Está bien no hablemos más de este asunto.
Lola:- (Insistente) ¡Es que había cada bestia en ese entonces dando
vueltas por el Norte! (Celosa, concisa, incisiva, midiendo
cada palabra perfectamente pronunciada) Durante el día, Sara,
que de romántica no tenía nada, le ayudaba a corregir papeles a
la bestia de su papá. Y durante la noche... (Con suma ironía) seguramente se encerraría con vos.
Baldomero:- Sí, se encerraba conmigo en esa pieza con sábanas de lujo o en el enorme despacho, hasta el techo de libros, para hacerse la tontita concretando las cosas que nos gustaba hacer. Las mismas que unos pocos meses antes, por sucias, vos me negabas. Y yo, ¿sabés?, por vergüenza jamás te dije, que ni sábanas tenía. Recuerdo que cuando hacía frío, me tapaba con cueros de oveja. Los que me iban sobrando de entre carga y descarga de las chatas, de esa flota miserable y pobretona que fui comprando y de a poco.
Lola:- Bueno, bueno, Baldomero, dejemos eso.
Baldomero:- Eso qué, lo de mi pobreza o lo que yo hacía por lo que vos no
querías hacer? Porque... Vos no podés negar ciertas cosas
como... que... Que me ponías muy nervioso. Pero eso no era
todo. Hubo algo más... por si te interesa saberlo. (Pausa) Con
la niña Sarita tuve un hijo.
Lola:- ¡Un hijo!
Baldomero:- Póstumo, sí, así le dicen y al cual, por causa de mi muerte –
accidental, sin duda, ya que jamás quise morir tempranamente-
no pude reconocer. Pero, de todos modos, aún sin mí y sin
haber podido nunca brillar con mi apellido, ese niño logró igual
sobrevivir. Ella era rica. Pertenecía a esa clase de mujer que
pedía a su hombre siempre más. Y yo ¿cómo decirte ahora? Yo
fui un semental de raza pura con el cual, de haberte sometido,
como ordena la Biblia a las mujeres...
Lola:- Perdón, la Biblia ordena a las esposas...
Baldomero:- Sí, está bien pero dejarme terminar la idea. Te hubieras
transformado en madre. Soltera, tal vez, pero madre,
seguramente. Madre de verdad. No madre de cupidos de
mármol con ojos agujereados. Y bueno, te lo perdiste. Yo, casi
sin saber leer, te trastorné de tal manera que aun pasado el
tiempo que pasó, igual me convocaste. ¿Por qué? ¿Te
arrepentiste acaso de haberme dejado agarrotado y triste y solo
y con frío bajo la llovizna? Porque no sé si te acordás que eso
era lo que hacías conmigo cuando yo, sin darme cuenta, cubría
el rol de perro para vos.
Lola:- ¿Te dije o no te dije que lloré por vos hasta tragar las lágrimas?
Bueno, ¿Qué más querés que te diga? Bien te lo diré: Si bien mi
voluntad me transformó en perdedora ocurrió que mi llanto
duró, exactamente, hasta que la esperada reacción pudo
demostrarme lo que yo desconocía pero vos no. Vos, por lo
visto, te encontrabas muy al tanto: Que el amor no es sólo un
juego cruel sino, además, química pura.
Baldomero:- Bueno... Está bien. Ahora puedo, entonces contestarte con toda
libertad. Un día, ese día, cansado de esperar orgasmos, di la
media vuelta y me fui solo. Así, naturalmente. Pero me
quedaste aquí ¿ves? En la garganta. Y me fui a morir lejos,
muy lejos. Y realmente fue una pena. Tanta, que yo mismo lloro
aún mi propia muerte, por temprana e injusta y sin sentido. ¡Haber sido yo la única víctima en esa huelga ajena! ¡Qué ironía!
Lola:- ¡Todavía no lo puedo creer! Y yo llorando tu abandono, a mi
manera, casi te diría que hasta hoy.
Baldomero:- Y pensar que yo tenía planeado, con mis carretones
enganchados y cargados como nunca antes, llegar al Pago de
los Arrecifes, para quedarme allí, con vos, tal vez.
Lola:- ¡Adónde?
Baldomero:- Arrecifes, un paraje tranquilo con lomadas, justo como para mí. A
cuatro días de marcha, rodeado de pampa propia y sin más
atractivo urbano que una casa de ramos generales. ¡De ramos generales! ¡La hubieras visto! Una sola pero tan grande que hacía las veces de banco. Con carpintería... almacén... herrería... y fábrica de carruajes con corralón de adoquines parejitos, como a mí me gustaban.
Lola:- (Sonriente y comprensiva) Para guardar allí tus carros por las noches, ¿no?
Baldomero:- Recuerdo que esa maravilla se llamaba Casa Blanco. Por don Manuel, su baluarte. (Nostálgico) Y bueno... sí. Evidentemente algo debía haber tenido el pago, para que yo pretendiera quedarme allí... y con vos. ¿No?
(Baldomero continúa describiendo ese paraje como si lo estuviera soñando) Ah! Y otra cosa. A un paso del atrio de la Iglesia, camino real en medio, un ancho río tranquilo, sombreado de arboleda. Y sobre el río y la pampa un cielo tan estrellado por las noches, como jamás pude ver en otro lado. Estaba llegando a Zárate cuando una bala perdida me mató. ¡Lástima! ¡Te quise tanto, Lola! ¡Nunca pude olvidarte! Pero... ¿Qué cosas te ofreció la vida qué cosas te quitó, sin contar lo nuestro, para estar, hoy, aquí, tan cambiada?
(Instintivamente ambos se abrazan. Baldomero la mantiene tiernamente apretada por unos segundos al cabo de los cuales la posición, de levemente incómoda para Lola, se torna insostenible. Razón por la cual , mediante un amplio ademán al mejor estilo baile clásico Lola logra, con el cálido aporte de una amplia sonrisa, apartarse de esos brazos y desaparecer entre la gente).(Coincidentemente Luis, sosegado, luego de moverse sobre el escenario, compartiendo y abandonando la compañía de los allí reunidos. se ubica casi rozando el brazo de Lola, con el cual ésta, inmediatamente. lo sujeta como para no dejarlo escapar.
Lola:- Disculpame un minuto Luis, no te vayas quiero que hablemos un
momento a solas, esperame por favor, pero antes permitime que acierte con cada uno de los que están aquí. (Luis la abraza cariñoso y complaciente, acerca su boca a la oreja de Lola la que inmediatamente, dejándose llevar, escucha atenta, hasta que los dos terminan el silencioso diálogo con el sonido estridente de una carcajada feliz.) (Lola palmotea las manos para llamar la atención.
Cada uno va dejando de lado el entretenimiento de charla u
observación en el que estaba inmerso, buscando la manera de
acercarse a ella, lo más rápidamente posible. Todos lo hacen
aligerando sus bocados, bebiendo de un solo trago el vino y
depositando el vaso vacío, espontáneamente, sobre la mesa y demás superficies lisas, en actitud certera de sumisa entrega y
acercamiento.
Julio y Gabriel manejándose con más sobriedad van quedándose atrás. Lola reconociéndolos regocijada, los nombra desde lejos)
Lola:- Ya localicé a Luis, que aquí está: mi único marido; el que se fugó
ya saben con quién.(Observándolo, ríen con malicia); a
Baldomero, también. (Buscándolo) Mi primer amor, el que
estaba hace un momento aquí, conmigo, y que ahora no sé
dónde se habrá metido (Indicándolo, al lograr localizarlo a la distancia) El que, pese a su impetuosa hombría, no consiguió nunca despojarme de mi virginidad. (Encogiéndose de hombros) Mis tías y la Virgen niña, por lo visto, se lo impidieron siempre.
Aquí llegan, moviéndose sin prisa, como señores que fueron, ¡Por Dios!... ¡Qué señores! Julio Roca, mi zorro y Gabriele, el gran D´Annunzio el que extraía poemas de mi cabellera negra eternamente enredada. Y ... Ahora... Miren a ese extraño ser de sombría tez y brillantes ojos. ¿Lo ven allí? Nos está observando a todos desde lejos. Como escondiéndose.
¿Qué estará tramando? ¿Por qué nos mira así?
¡Hermosa! María de Mágdala: Decime ¿Qué está haciendo el Diablo entre nosotros? El me asegura y delante de todos, que ha sido invitado pero yo estoy segura de haber invitado al Espíritu Santo pero el Espíritu Santo, hasta el momento, no ha llegado.
Magdalena: Entonces... Ahora caigo... El es el que no va a venir y el demonio concurrió con su tarjeta.
Lola: ¿Qué habrá pasado? Me dijo que me lo iba a explicar pero no sé por qué, por miedo, tal vez, le dije que esperara. (A Magdalena, coloquialmente) Quedate aquí, no te me apartes. (Todos comentan entre sí. Se dicen lo que piensan mientras Lola trata de ordenar todo lo que está comenzando a acontecer).
Luís:- Si, sí, es el Diablo. Demonios, es él.
Roca:- Debemos indagarlo inmediatamente.
Lola:- (Entretenida en otras cosas, escucha y contesta desde su ubicación) Recién cuando le llegue el momento, que ya le llegará, no teman
Demonio:- (Dirigiéndose a D´Annunzio, refiriéndose a la radiante Magdalena) Mire usted, un poco. ¡Que bella es esta mujer! ¿Verdad? Lola quiso esculpirla pero no pudo.
D´Annunzio: A ¿no?
Demonio:- Según ella misma confesó le salía áspera, rústica, sin terminación.
Tal como la compaginación de la historia quiso mostrarla ¿No le
parece? Lola quiso ser la primera en oponer, a los designios de
esa historia, la fuerza correctora.
D´Annunzio:- Las mujeres actuaban intramuros, siempre, pero ella no
obedeció.
Demonio:- Así le fue. No le pudo ir peor. Ni santa ni redimida! Oscura como
Yo. Otorgando placer sin conocerlo. Por simple necesidad. Sin
hijos y sin obra.
D´Annunzio:- Sin envidia en su persona y soportando el peso del escarnio
ubicado sobre su espalda.
Demonio:- y con la enorme responsabilidad de haber otorgado el testimonio
sagrado de la más sagrada de las desapariciones. ¿Qué le
parece?
D´Annunzio:- Y cree usted todas esas cosas, especialmente la última?
Demonio:- Pero D´Annunzio, me extraña, cómo no voy a creerlas. Aquí ya
no es cosa de creer o no creer. ¡No! Aquí es cosa de aceptar o
no aceptar. Para ella y para mí, que constituimos los mejores
referentes -humano-celestiales, si quiere-, todo es verídico; todo
es absolutamente cierto. Más. Ella, como persona pecadora es
obra mía porque yo soy obra de El –me estoy refiriendo, como
usted sabrá muy bien, al Padre- El me necesitó a mí, por eso fui
creado. Para adquirir valor por contraste. Contraste del que
derivó en desprecio. Pero a mi eso ya no me importa nada.
¿Puede creerlo?...
Y a propósito, le pregunto: ¿La violencia desatada entre los
hombres, alguna vez fue más perversa que la que impera hoy?

(Lola, ubicada nuevamente en el centro de la escena luego de
su activo y diligente deambular, se dirige, ahora
expresamente a Magdalena, indicándola)

Lola: ¡Magdalena! ¡Inolvidable! Inconfundible te distinguía entre
tantos varones, cuando entré. ¡Cómo no reconocerte! Con los
ojos cerrados lo haría, adorable criatura mía. Vení (La lleva
aparte) Hecha escombros quedaste entre mis manos el día del
derrumbe.
Magdalena:- Del derrumbe, de la vandálica demolición no quiero acordarme
ahora. ¿No podríamos hablar de otra cosa, aquí?
Lola: Yo no me estaba refiriendo al mío sino al tuyo. A tu derrumbe,
ese, que en segundos te transformó en escombros Me asumí
como Magdalena, durante toda mi vida. Tal vez por eso a mi
imagen y semejanza te fui construyendo. Tuviste de mi todos
los desvelos con que pretendí honrarte. (Magdalena feliz,
sonríe, siguiendo el parlamento de Lola con muchísima
atención) (Lola habla con ensoñación) Señor, quiero leños, me
decía a mi misma. El invierno es muy frío y dura demasiado.
Quiero leños para mostrar mi alma en esta obra. Y para
que mi Magdalena hable alguna vez por mí. Cosa que no
pudiste hacer porque moriste para mí antes... de... ni siquiera
nacer. (Silencio corto)(Volviendo a la realidad) ¿Sabés una
cosa? Hoy sé que soy de mármol, como concluida lo ibas a ser
vos. También sé que son muchos los varones-leña que la vida
nos obligó a conocer. Por mi parte, a cada uno de ellos fui
pidiéndole sólo aquello que podían dar.
Magdalena:- No existieron nunca, legisladoras más prudentes que nosotras.
Lola:- Tal vez por eso, las leyes que nos hemos dado, siempre fueron
cumplidas. Jamás pedí peras al olmo ni vos tampoco, no es
cierto?
Magdalena:- Seguro
.Lola:- Mi padre, presintiendo no sólo mi ambición, sino la gran
necesidad que generaría mi futuro, me regaló un padrino. Y
yo, que aprendí con el tiempo a valorar la sombra conseguí, sin
mayor sacrificio, el logro de refrescarla, cuando arreciaba el
calor.
Magdalena:- (Desplazándose en compañía de Lola por el salón.
Conversando, llegan a un lugar con escasa iluminación)
Observa, Lola. Mira mi mano izquierda. Un simple detalle. Me falta un dedo.
Lola:- El que entero y sin posibilidad de anexión, se quedó ese día
entre mis manos. Él, en este instante, se encuentra en mi
bolsillo.
Magdalena:- Lo sé. Mejor dicho lo presiento. Siempre pendiente y aferrado
a ciertas llaves las que tantas puertas consiguieron abrir. Y yo,
ahí; ese trozo mío de mármol puro, tieso y helado, pegado a tu
mano tibia, blanca y suave, como para recordarte que no todo
iba a permanecer tan confortable de insistir con la

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