LA PALABRA, LA METÁFORA Y ESA CONSIGNA ÍNTIMA QUE NOS INSTA A SER SIEMPRE UN POCO MÁS. (Tríptico)

10/03/2019 - Publicaciones

Nota Preliminar: Mente: Conductora… instructora. Movilizadora del alma y del espíritu.
Generadora de ideas con las que se sustentan, a partir de la percepción con posterior grabado en la memoria, los conocimientos establecidos, puestos en marcha, funcionalmente, y/o reproducidos por medio de la acción de pensar. Actos, estos, efectuados por el intelecto, entidad esencial en donde anidan las facultades del hombre.

LA PALABRA, LA METÁFORA Y ESA CONSIGNA ÍNTIMA QUE NOS INSTA A SER SIEMPRE UN POCO MÁS. (Tríptico)

I
No sé cómo decirlo
Y aunque deba expresarlo de otro modo, buscaré las palabras para hacerlo. No me pregunten cómo.
No concibo la vida sin metáforas. Cántaros llenos de eso que me falta, explicaciones;
paralelismos, a veces sorprendentes, necesarios para comprender.
Ellas, ubicándome de frente, cara al viento, sostienen, de ese modo, mi vigilia.
sin preguntarme, nunca, si así es como me gusta; simplemente lo hacen
aplacando mi sed de saber y el temblor de mi cuerpo aterrado, cuando clama respuestas a tanta incertidumbre.
Ellas, haciéndome entender lo inteligible, me sitúan inmersa en la inmensidad del tenebroso espacio, en donde
vivo
habiéndome tomado, para ello, sólo una ínfima parte del total.
Lugar dentro del cual me enorgullezco de utilizar como ninguna, mi espada o mi ternura,
cuando, sin que nada se oponga ni nadie me detenga, decido concretar mi acción deseada
demostrándole al mundo, mi osadía, llevándola a la práctica.
Y ¿Cuándo estoy donde sucede eso? Termino preguntando cautelosa,
mientras me resisto a que me invada el miedo.
Estoy aquí que significa ahora, me respondo a solas, siempre con su ayuda.
Continuamente interpretando todo lo que mis sentidos logran conseguir,
al pretender grabar en mi memoria aquello que a mi alma afectó.
Para que luego yo, entregando a la vida mi cosecha azarosa producida con hechos que también dejan cosas,
al captar lo logrado, lo exprese traducido, trasladado a mi idioma lentamente gestado
para reproducir el ruido de las ondas errantes provenientes del eco sensible, detectado.
Convencida y feliz porque entiendo que existo, porque aquí estoy de pie, ante recuerdos, dormidos, algunos
apagados
huyendo en tren de fuga, o retornando encendidos, dispuestos, otra vez, a consumar conmigo el antiguo ritual
de la nostalgia:
Abrumadora sombra melancólica que se me presenta silenciosamente… Inmensa… taciturna … huraña
Sin ser requerida… aunque a mí se acerque sin traer consigo ni indicios de culpas
ni vestigio alguno de remordimientos, para no hacer daño.
También aquí me encuentro, hoy, tendiente. Atenta a los dictados de mi mente.
La misma que impulsando mi destino se me impone al ritmo de un cronómetro activado. para persistir
atrayendo, fuertemente, mi atención con sólo irradiar luz al empujarme.
Con esa luz, lo sé, se entretienen mis esperas resignadas… silenciosas…lánguidas…

II

Y ¿Dónde estoy cuando sucede eso? ¿En que espacio se mueven mis pasos en el tiempo en que actúo? Me
pregunto, entonces.
En el mismo de siempre, me contesto. El ahora.
Ese punto que huye y que, aferrada a él, persigo porque convencida acepto lo que mi alma no se atreve a negar:
Que es en el mismo fragor del ajetreo que me impongo, (mental y corporal), mantenido viciosamente
inacabable,
donde radica la razón indiscutible del sostén que, de ese entrenamiento, exige mi existir para durar, deviniendo.
Insistiendo, entonces. Sobre eso, tampoco a mi corazón le caben dudas.
Porque potenciando los pulsos de mis ondas vitales, subsisto perdiéndome ensombrecida, casi oscura, a veces
para encontrarme, luego, al cabo de unos días, otra vez fuertemente iluminada.
Expectante, además. Como cuando Adán conmigo no sabía qué hacer
porque yo lo seducía, aunque no siempre con recursos seductores.
Como cuando ignorantes, ambos corríamos tomados de la mano
sin saber que el paso que habríamos de dar y luego dimos
nos dejaría sin cielo, huérfanos de respuestas y atrapados por siglos en la red del espanto
de la que nos libramos, mucho tiempo después, saltando hacia el trapecio
que oscilando pendiente del hilo de la vida, nos prodigó, por fin, la fe recién creada para ambos. La fe que
convencía.
Aquella fe anhelada, entonces… la aun desconocida. La que nunca llegaba... pero que llegaría...
Aquella fe cuya demora, nociva, nos hería... ¡Ya se encontraba activa!
¡Perdidos abrazados! ¡Atrapados sin un trozo de cielo todavía! Al sentir que sentíamos, nos sentimos felices, sin
embargo.
¡Por Dios, qué maravilla!
Entrelazados, corporizados, materialmente terminados pero aún ignorantes. Flotando en medio de la bruma,
sometidos.
Con la mente virgen… en blanco todavía.
Tentando la palabra, la primera, la tardía, la que decidió, un día, salir para nombrarnos.
¡Somos! Dijimos. ¡Qué más podíamos pedir, en ese inicio!
Con ella creamos el hecho plural y el número dos y el tres. Y la suma que aplaude como expresión de gozo
y la resta que anuncia su reclamo en silencio ocultando su pena.
Y todo, porque el mundo se nos vino encima, de repente.
Y eso, por creernos libres de ataduras… sin haberlo pensarlo, demasiado.

III

Los que éramos, proseguimos, sin prisa y preocupados, la marcha en el ahora, desde allí, generando la historia.
Tanteando, andando a ciegas todos. Los mismos que de a poco nos fuimos redimiendo solos, intuyendo.
Persiguiendo el único punto en desliz continuado, el mismo de siempre,
el que instándonos a vivir sumergidos bajo la corteza en un túnel oscuro sin final de luz
trazaba los rumbos de nuestros caminos, creando espejismos.
Mientras las palabras, forzando su huída, desde nuestras bocas, se expresaban trémulas,
desconociendo, todavía, el poder de su potencia, como nosotros la existencia del alma.
Y así fue, como… un día, desprendiendo enardecidas su aroma embriagador
ellas solas nos fueron presionando… conmoviendo… para hacernos saber que allí,
en ese otro lugar de ubicación en donde nos hallábamos persiguiendo aquel mismo punto inicial tomado en
cuenta,
ya éramos otros porque éramos más… Más de lo que antes éramos.
Con un más que, ciertamente, se sumaba para conjugarnos, luego, como fuimos siendo:
un poco más humanos, un poco más atentos, un poco más seguros,
un poco más inquietos y anhelantes, un poco más concientes… cada día.
¡Pensadores, al fin!
Y para hacernos comprender a los humanos, instalados vitalmente en nuestro ahora,
que aunque sigamos generando ideas, insistiendo de día y de noche pensando hasta la aurora,
siempre nos estará faltando algo. Algo más. Mucho más. Muchísimo más
de eso que nos permita descubrir la clave; la del acceso infalible a la alegría del vivir en paz.
Mientras tanto, aunque de a poco, los que así pensamos, nos contentaremos con ir completando, positivamente,
hasta el borde mismo de su concavidad, el cupo singular de almacenaje, de nuestra propia mente,
Y enfocando, entonces, con un hilo de luz potente y claro, ese punto inicial en continuo desliz, llamado
“ahora”, al que aferrada, aún persigo,
comunico a los hombres del mundo que, a modo de apuesta, firmo, aquí, decretando mi aval contundente a
favor de la vida.
Y, además, que esperando que mis nobles ansias, por colmar de ideas los sagrados cántaros, se vayan
cumpliendo tal como lo intuyo

decidida, persiguiendo ese punto esencial, el sostén de mi vida, sin dejar que me invada la duda, sometida al
fulgor de su influjo, con él huyo.

FIN
Amanda Patarca

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